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LA CRONICA DE 40.000 ALMAS

Publicado por EnanoAkd en La Banda el día 2016-03-31 00:00:00

Y finalmente llegó el día. Iron Maiden volvía a pisar suelo porteño, esta vez en el marco de su “The Book of Souls World Tour”, luego de una estupenda fecha en Córdoba, dos días antes, y luego del susto que nos llevamos todos con el Ed Force One debido a los daños que este sufrió en el aeropuerto de Santiago de Chile.

Afortunadamente, tanto la banda como su equipo mostró un profesionalismo a la altura de las circunstancias y los shows que siguieron luego del mencionado siniestro se pudieron desarrollar sin inconvenientes. Es por eso que los que tuvimos la suerte de presenciar ambas fechas, sabíamos que lo que se iba a ver en el Amalfitani iba ser algo más que especial.

Hacemos mención del trabajo del equipo que acompaña a la banda porque, quienes ya tuvieron la posibilidad de ver a Maiden anteriormente, es sabido que La Doncella siempre trae consigo un gran despliegue escenográfico para sus giras, desde el soberbio montaje escénico, pasando por los distintos Eddies, hasta llegar a los telones de fondo; sin contar, claro, el impresionante juego de luces y de llamaradas. Nos detendremos en este punto porque, en lo personal, quiero hacer foco en que esta vez el atractivo visual del show se conjugó perfectamente con lo musical. No es que antes no haya pasado esto: los que tuvimos la suerte de ir al “Somewhere Back in Time World Tour” o al “Maiden England” pudimos ser testigos de los espectaculares escenarios faraónicos o del impresionante mundo congelado de “Seventh Son of a Seventh Son”. Pero esta vuelta, la temática de las civilizaciones antiguas mayas le dio un colorido muy singular que, como podrán apreciar en las imágenes, acompañó perfectamente la dramatización que Bruce Dickinson realizó en temas como “If Eternety Should Fail” (tema con el que abrieron) o con la propia “The Book of Souls”. football today

Pero no nos adelantemos. Primero recordemos que estuvo The Raven Age, la banda del hijo de Steve Harris, George, quienes con su Metalcore un tanto trillado dieron lo mejor de sí para empezar a calentar los motores aunque quizás hayan pasado inadvertidos para los presentes que tuvieron la suerte de llegar a tiempo. Hay que tener en cuenta que este evento se llevó a cabo un día martes y, en plena jornada laboral, la gran masa de concurrentes llegó sobre la hora. Tal es así que Iron Maiden vio demorada su salida quince minutos después de lo pactado. En cambio, para Anthrax, sí ya había una cantidad más considerable de público aunque no estoy tan seguro si eso marcó alguna diferencia; la frialdad y la indiferencia de más de uno ante gemas como “Caught in a Mosh”, “Antisocial” o “Medusa” me dejó atónito. El quinteto encabezado por Scott Ian contó con un sonido más nítido del que habían tenido dos días antes en Córdoba; y más allá de que su performance fue impecable, insisto en que 45 minutos para una banda como Anthrax es muy poco aún estando en condiciones de acto soporte. Apenas si tuvieron tiempo para mechar dos temas de su reciente (y bastante flojo) último trabajo, “For All Kings”, y para cerrar con “Indians”. Quedarán para otra ocasión glorias como “Among The Living”, “I am The Law” o “Madhouse”, las cuales esperamos disfrutar el año que viene según el propio Scott Ian, quien nos prometió volver mientras se despedía de la audiencia.

Como dijimos antes; la salida de Iron Maiden a escena estaba programada para las 21.00 hs pero el grupo se demoró quince minutos más porque a ésa hora seguía ingresando gente al estadio. Un Vélez rebalsado de espectadores como pocas veces se lo vió, estimándose una cantidad de presentes que tranquilamente superó los 40.000. Desconozco las cifras exactas pero me animaría decir que superó los ya muy concurridos Vélez de 2009 y 2011. Como sea, si a eso le sumamos los más de 20.000 que fueron al Mario Alberto Kempes de Córdoba, al único veredicto que podemos arribar es que la convocatoria de Maiden crece con cada visita a nuestro país. Ojalá que esta tendencia siga así en alza.

Durante los primeros versos de “If Eternety Should Fail” estuvieron las únicas manchas a nivel sonido. Después, a lo largo de las dos horas que duró el set, sonoramente Maiden cumplió con el objetivo que más de una vez le costó en nuestras tierras: potencia y nitidez. Era placentero poder escuchar a las tres guitarras bien nítidas y bien diferenciadas, para así cerrar las bocas detractoras que siguen cuestionando por qué la presencia de dieciocho cuerdas en Maiden hoy en día. Ahí tienen el porqué: porque en grandilocuencias épicas como “The Red and the Black”, o en momentos más sutiles como en “Children of the Damned”, se puede apreciar la versatilidad y el estilo de Murray, Smith y Gers quienes, dicho sea de paso, se los mostró más sueltos y más desestructurados que en otras ocasiones. Si bien es cierto que tanto Murray como Smith nunca fueron de hacer grandes acrobacias sobre el escenario, y que Gers siempre tiene un mano a mano con Eddie cada vez que este sale a escena, este clima de mayor relajación y (¿por qué no?) de disfrute acaso haya incidido en que el material más épico e intricado fluya con mayor naturalidad y que las bombas más directas como “Speed of Light”, “Tears of a Clown”, “The Trooper” o “Death or Glory” nos pasen por arriba como topadoras. Ni hablar de ése mazazo llamado “Powerslave” que es capaz de dejar pasmado hasta al más rabioso thrasher que se precie de tal. Ignoro si esto se debió simplemente a que los tipos tuvieron una buena noche o será que están tomando conciencia de que los días de darle la vuelta al globo están próximos a acabarse. Lo cierto es que gracias a esta comunicación casi telepática entre ellos se pudo ver a una de las mejores versiones de La Doncella de Hierro en nuestro país. Y por más que haya todavía varios escépticos que se resistan a la formación de las tres guitarras, tendrán que asumir que esta formación pasará a la historia como la más estable en la carrera de la banda (así es, ya son más de quince años) y que quizás hoy se encuentren en su pico de esplendor, tanto en vivo como en estudio.

Tres guitarras que, como es sabido, siguen la ruta y el camino trazado por el bajo de ése inmenso hombre que es Steve Harris. El jefe Arry fue otro al que también se lo noto más suelto y descontracturado arriba del escenario (al menos si lo comparamos con sus últimas visitas) llevándonos a dudar de que si se trata de un hombre que acababa de cumplir los 60 años. Así es. Y por ello antes de “The Book of Souls” y luego de los clásicos “olé, olé, olé…” del público argentino, Bruce pidió que le cantáramos el cumpleaños lo cual marcó otro de los momentos más emotivos de la noche. Cuando desde arriba y desde abajo del escenario la entrega es absoluta, la jornada simplemente puede quedar signada como inolvidable. Por fortuna esta vez no hubo abucheos estúpidos, lo de las banderas inglesas quedó muy atrás, solamente algunos imbéciles que tiene como manía revolear cosas al escenario como si pensaran que eso significara rendirle tributo a la banda o como si la misma banda se tomara eso con agrado. Por fortuna de esos hubo muy pocos que casi ni se hicieron sentir y hasta el propio Bruce se los tomó con humor.

Ya que lo mencioné a Dickinson, no queda para el final porque sí. Y sin menospreciar nunca la labor de Nicko McBrain en batería quien siempre cumple cual reloj suizo. Pero realmente hay que decir que lo del pequeño gran cantante escapa a cualquier explicación científica; al igual que lo hiciera el año pasado Rob Halford en la última visita de Judas Priest, con sus sesenta y tanto años a cuestas, Bruce Dickinson demostró que de humano lo único que tiene es la apariencia. Sino no se explica cómo hasta hace un año atrás estaba batallando contra un cáncer en su lengua, lo cual lo sometió a varias sesiones de quimioterapia (más allá de haber detectado a tiempo la enfermedad) y puso en jaque los planes futuros de la banda, y hoy lo tenemos cantando como si nada hubiese pasado; arengando y corriendo de una punta a la otra del escenario realizando un despliegue físico envidiable, incluso llegando al límite del dolor en las notas más imposibles como ocurrió durante el final de la apoteótica “Hallowed be thy Name” (piel de gallina en todo el mundo durante ése momento). Así es. Si una de las dudas que más retumbaba en la cabeza de los fans era la salud de Dickinson, dos performances impecables, tanto en Córdoba como en Buenos Aires, dejaron en claro que hay Bruce para rato. En resumen, podemos decir que otro de los puntos altos de esta última visita de Iron Maiden a nuestro país consistió en comprobar que estos veteranos están más saludables y vigorosos que nunca.

“Fear of the Dark” en vivo debería ser una experiencia que todo mortal debería disfrutar antes de dejar su paso por este mundo. Festejada y coreada como siempre, este clásico le dio lugar al cierre de la primera parte que como siempre viene de la mano de “Iron Maiden” y el gigantesco Eddie – versión maya – detrás de la batería de Nicko, encarnando así una de sus mejores versiones en la historia de la banda.

“Whoe, to You oh Earth and Sea…” anuncia que se viene “The Number of the Beast” y con un gigante diablo a la derecha del escenario y con llamaradas por doquier, el infierno se hizo presente en la tierra. Ahora, si las emociones hasta ése momento no habían sido suficientes, Harris vistiendo la casaca de la selección argentina de fútbol le habrá dejado el nudo en la garganta a más de uno. Para los despistados y falsos intelectuales (por no decir ignorantes) que piensan que ése es un acto demagogo trillado en los conciertos de Rock, permítanme decirles que poco y nada saben de lo que es un show de Iron Maiden en vivo y que Harris prácticamente en NINGUNA PARTE del mundo hace algo semejante. Sí lo hizo, fue porque así realmente lo sintió. Otra cabal muestra que lo que vivió ésa noche la banda con el público fue algo más que especial. Volviendo a hacer un llamado a la unidad, Bruce dio el predicamento antes de arrancar con “Blood Brothers” y ahí podemos decir que vino el primer momento de reposo del show gracias a su melodía intimista y melancólica. Reposo que duró muy poco porque ahí nomás detrás vino “Wasted Years” y la fiesta se desató nuevamente. Con el magnífico telón de fondo con todos los Eddies pertenecientes a los distintos períodos del grupo, y al igual que lo ocurrido en Córdoba, celebré la decisión de la banda de optar por éste clásico para cerrar su show, y no volver siempre a “Run To The Hills”, “Running Free” o a “Sanctuary”.

Un show que sin dudas superó las expectativas hasta de los más exigentes. Vélez 2009 y 2011 marcaron puntos muy altos que creíamos muy difíciles de superar (los problemas sonoros y la maldita valla contenedora, más un Dickinson algo engripado, ubicaron a River 2013 unos pasos por detrás de éstos) pero el testimonio que dejó Iron Maiden el pasado 15 de Marzo de 2016 seguramente corre con muchas chances de quedarse como el favorito de más de un fan. El libro de las almas se abrió. La profecía se cumplió. El Ed Force One voló pero Iron Maiden vino y cumplió. Y cumplió con creces. Y pateó interrogantes incómodos para más adelante.

Texto: Juanmaiden

Fotos: Gentileza de Fernando Serani de Metal: Eye Witness

Comentarios

ejc343 dijo:

Excelente show!!! Yo estuve en Córdoba fue grandioso!!!! Viva Maiden carajo!!!

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