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DONCELLA CORDOBESA

Publicado por Juanmaiden en La Banda el día 2016-03-21 00:00:00

Iron Maiden – Estadio Mario Alberto Kempes, Ciudad de Córdoba – 13 de Marzo 2016

Esta nueva visita de Iron Maiden a la Argentina, sin dudas, no se trató de una visita más. De más está decir que cada vez que Steve Harris y su tropa bajan hacia esta parte del mundo siempre generan alegrías y expectativas en el ámbito metalero local. Pero esta nueva llegada del sexteto inglés trajo consigo algunos condimentos previos que la tornaron en algo más que especial. Para empezar, se trató de la primera vez que la Doncella se presentó en dos ciudades distintas del país; una fecha programada en la ciudad de Córdoba (el 13 de Marzo, en el estadio Mario Alberto Kempes, de la cual nos ocuparemos a continuación) y otra en Buenos Aires (el 15 de Marzo, en el estadio Vélez Sarsfield), acontecimiento que en lo personal me produce mucha alegría, el que las productoras locales se arriesguen a llevar a las bandas internacionales al interior del país, ya que Argentina no es solamente Buenos Aires. Después, también entusiasmaba la posibilidad de formar parte de la gira de presentación del nuevo disco. El año pasado, “The Book of Souls”, la producción más reciente en estudio de Maiden, recibió la aprobación prácticamente de todos los fans y de toda la prensa especializada y había mucha expectativa por ver qué tal funcionaban las nuevas canciones en vivo. A todo esto hay que sumarle la carga emocional que implicó la recuperación del cáncer de lengua que sufrió Bruce Dickinson durante la grabación del disco y que retrasó los planes de la banda para la presente gira. Como si todo esto fuera poco, la leyenda británica recibiría en este tramo del tour la compañía de lujo de Anthrax y de The Raven Age, la banda del hijo de Steve Harris, que oficiarían como actos de apertura. Demasiados argumentos para justificar con creces la presencia de más de 20.000 fans que se trasladaron al mítico estadio cordobés (más todas las que oportunamente harían lo propio en el recinto porteño) para presenciar toda la magia que implica ver a Iron Maiden en vivo.

Sin embargo, no todos los acontecimientos previos al show de Córdoba fueron motivo de alegría. Lamentablemente hubo uno muy particular, a tan sólo horas antes de la primera fecha de Maiden en Argentina, que estuvo al borde de tirar al tacho todas las emociones narradas anteriormente. Inexplicablemente (lo digo así porque hasta hoy me cuesta creerlo), durante su estadía en Chile, dos días antes del concierto cordobés, el avión que transportaba a Maiden en esta gira, el Ed Force One - un Boeing 747 - , sufrió un accidente en el aeropuerto chileno; aparentemente el carro que transportaba con el cable el avión dañó dos de sus turbinas inhabilitando así al aeroplano. No vamos a ponernos a ahondar aquí sobre cuánto hubo de accidente o cuánto hubo de negligencia por parte de los operarios encargados del mantenimiento del vehículo; lo cierto es que el Ed Force One quedó inutilizable de momento, no sólo por los daños sufridos sino por los trabajos de peritajes correspondientes que se deberán realizar, lo cual puso en jaque el resto del tour pero principalmente las fechas más próximas que no fueron otras que las fechas en suelo argento. Las horas del sábado a la mañana anterior al show fueron verdaderamente amargas para los fans locales quienes vieron amenazados sus sueños de ver a su banda favorita a causa de este imprevisto. No solamente la movilidad de los integrantes quedó comprometida sino también que todo el equipamiento para los escenarios quedaron sumergidos en un mar de dudas acerca de cómo se iba a resolver esta situación.

Afortunadamente, todo quedó en un susto nada más. Conforme fueron corriendo las horas, desde las redes sociales, tanto las páginas oficiales de la banda como las de los promotores locales, fueron trayendo alivio a la desesperación de los fans puesto que durante la tarde del sábado fueron llegando las confirmaciones que informaban que tanto el show de Córdoba como el de Buenos Aires se desarrollarían normalmente. En este punto hay que felicitar a todos los integrantes del equipo de Iron Maiden, tanto a los músicos como a los miembros del crew, quienes realizaron una labor verdaderamente titánica para poder llevarles su espectáculo a los aficionados cordobeses.

Y así fue como llegó el gran día; utilizando medios de transporte prestados, Iron Maiden llegó al país para deleitarnos con su “The Book of Soul World Tour”. Ya cayendo la tarde de aquél memorable domingo, el estadio Mario Alberto Kempes se encontraba bastante concurrido, y a las 19.00 horas fue el turno de The Raven Age. Luego del set de los locales Pésame, la banda de George Harris, guitarrista e hijo del gran Steve, comenzó a calentar los motores con una propuesta bastante cercana a Killswitch Engage; es decir, ése Metalcore de riffs gravosos, estrofas con voces desgarradoras y estribillos a voz limpia. Lejos de ser un amante de este estilo puedo afirmar que los más jóvenes de esta grilla cumplieron con creces la labor de allanar el terreno para que luego los más veteranos vengan a dar cátedra. Más allá de un sonido que estaba excesivo en volumen, los “cuervos” lograron rescatar respetuosos aplausos por parte de los presentes. Habrá que seguir de cerca la carrera de estos muchachos aunque, en mi opinión, la escena está bastante colmada de bandas de este estilo, sobre todo en el mercado norteamericano.

A las 19:45 llegaría el turno de los legendarios Anthrax. También la banda de Scott Ian sufriría los problemas de un sonido demasiado saturado, sobre todo por parte de las guitarras que excedían en volumen al resto de la mezcla, el cual se iría corrigiendo con el correr del set que dicho sea de paso fue demasiado breve, al menos para una banda de renombre como Anthrax. Por supuesto que ahora estaban en condiciones de soporte, que éste no era su show, y que Iron Maiden siempre fue una banda muy estricta con los horarios; pero realmente creo que unos minutos más se los merecían, al menos para darle espacio a algunos clásicos como “Among the Living” o “Madhouse” que hubieran venido como anillo al dedo para seguir subiendo la temperatura del ambiente. Amén de lo antedicho, sí dijeron presente “Caught in a Mosh” , “Antisocial”, “Medusa” “Got the Time”, más un par de perlitas del último y reciente trabajo, el poco inspirado “For All Kings”, fueron más que suficientes para desatar la locura entre el público que siempre festeja la entrega de la banda arriba de las tablas, sobre todo la de Scott Ian y la de ése inmenso bajista que es Frank Bello, quienes con sus corridas de un lado a otro demuestran porqué son la banda más divertida del Thrash Metal. Aunque, como siempre digo, el que nunca deja de sorprenderme es Joey Belladona a quien parece ser que los años no hacen mella en su voz y siempre se desempeña como un showman genial. Cerraron con “Indians” y dejaron un clima más que ideal para el plato fuerte de la noche..

A las 21.00 hs. se apagaron las luces; los gritos se tornaron ensordecedores, los flashes de las cámaras encandiladores. Los corazones comenzaron a latir cada vez más rápido. La adrenalina crecía con cada aliento….la hora de La Bestia había llegado.

Como era de suponerse, el arranque vino de la mano de “If Eternety Should Fail”, el tema encargado de abrir su último LP. Excelente pieza para dar arranque a la velada con su clima atmosférico y sus melodías arabescas. Verlo a Dickinson salir detrás de la batería mientras recita los primeros versos de esta joya musical, como si se tratara de un hechicero a punto de iniciar un conjuro, es realmente una postal para el recuerdo. Lamentablemente aquí fue donde el sonido más falló, ya que el micrófono de Dickinson se perdería durante algunas estrofas. Y cuando el resto de la banda salió a escena, la bola de ruido apenas permitía distinguir la melodía de la canción. Por fortuna esto fue inmediatamente corregido y el sonido estuvo a la altura de las circunstancias durante el resto de la noche. Y de ahí en adelante todo rozó la perfección. Si la banda estaba molesta por lo ocurrido con su avión en ningún momento dejaron que esto se perciba. Muy al contrario, se vio a una banda activa como hacia rato no se veía por estas tierras, al menos si los comparamos con su última visita en 2013, y haciéndonos dudar de si se trata de un grupo conformado por músicos que están promediando los sesenta años de vida. Si bien la responsabilidad de manipular a la audiencia recae prácticamente sobre las espaldas (y la voz) de Dickinson, ver a Steve Harris y a Janick Gers correr de un lado al otro del escenario fue más que gratificante. Hasta los propios Dave Murray y Adrian Smith se mostraron un poco menos estáticos de lo habitual. Así es, damas y caballeros; si alguno tenía dudas sobre cómo le están afectando a Iron Maiden el paso de los años, permítanme afirmarles que la máquina inglesa está más aceitada y poderosa que nunca.

Lo de Bruce Dickinson es sencillamente de otro mundo; luego de la rehabilitación que tuvo que superar a causa de su cáncer en la lengua, sorprende verlo en tan buen estado, tanto física como vocalmente. Su entrega, su energía, su dramatización en cada pieza, su interacción con el público y su prodigiosa garganta están intactas. Así quedó demostrado en temas como “Children of the Damned”, “Powerslave” o la inmortal “Hallowed be thy Name”, donde el pequeño esgrimista soltó los alaridos finales de esta gema legendaria hasta el límite del dolor de las cuerdas vocales.

Es verdad que estos clásicos, al igual que “The Trooper” o la omnipotente “Fear of the Dark”, sonaron demoledores y frescos como el mismo día en que fueron concebidos pero habíamos hablado acerca de cómo iban a funcionar las canciones del nuevo disco y ahí Iron Maiden sumo otros puntos a su favor. La velocidad y el desenfreno de “Speed of Light” y “Death or Glory”, el ritmo pausado y conmovedor de “Tears of a Clown”, o la exquisitez épica y elaborada de monstruos de más de diez minutos de duración como “The Red and the Black” y la mismísima “The Book of Souls” (con Bruce sacrificando a Eddie en su versión Shaman), dejaron bien en claro que Maiden no necesita -exclusivamente - aferrarse a su pasado para entretener a su audiencia; se encuentran en un gran momento compositivo y estas nuevas perlas en el repertorio así lo han confirmado. El cierre, como no podía ser de otra forma, vino con la propia “Iron Maiden” con un inmenso Eddie escalofriante saliendo detrás de la batería de Nicko McBrain materializando el diseño de la portada de su último álbum. Estos detalles, al igual que el impresionante decorado del escenario, siguiendo la temática de las civilizaciones antiguas, las llamaradas, los juegos de luces, los telones de fondo y demás nos obligan nuevamente a hacer mención del excelente trabajo del equipo que acompaña la banda pese a los contratiempos del Ed Force One.

Para los bises, el aterrador “Whoe to You, oh Earth and Sea…” nos anuncia que es el turno de “The Number of the Beast”. La inmensa figura del diablo a la derecha del escenario y las innumerables llamaradas que salían de todos lados durante el clásico “Six, Six, Six..” nos hizo sentir como si estuviéramos en un verdadero infierno. Acto seguido, Bruce agradeció por la fantástica noche que estábamos pasando, tanto ellos como nosotros, y trazó un paralelismo entre el show de ésa noche y la situación del mundo actual, aclarando que Iron Maiden es una familia donde no se discrimina raza, sexo o religión “porque somos hermanos de sangre!” y ahí nomás se abrió el paso para “Blood Brothers”; acaso no haya sido la mejor elección para un bis, debido a su clima relajado y melancólico, pero sin dudas funcionó a la perfección para escaparse un poco de las obligatorias “Run To The Hills”, “Running Free” o “Sanctuary” (las cuales, confieso, no extrañé en absoluto). De la misma forma que ocurrió con “Wasted Years”; si bien se trata de un clásico recurrente en los shows del sexteto, y quizás se trate de la canción más comercial en toda la discografía de Maiden, fue una forma diferente de dar por finalizado su show. ¡Y qué show! La Doncella de Hierro vino para atraparnos a todos y así fue. Culminó así una noche memorable en tierras cordobesas, la primera de las dos fechas en Argentina, una noche que ninguno de los presentes olvidará. Mientras varios nos venimos preguntando acerca de la proximidad del final de la carrera de Iron Maiden, sus músicos, desde el escenario, dejaron bien en claro que todavía no es momento para preocuparse por eso.

Texto: JuanMaiden

Fotos: Gentileza de Román Gaydukov de Rock Bottom Press

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