Historia

 

Todos los textos escritos por Juan Manuel Guarino.

 

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Introducción
Capítulo I: Al mundo le nacía una doncella
Capitulo II: Asesinos sueltos
Capítulo III: La hora de La Bestia
Capítulo IV: Viviendo en la cima
Capítulo V: Ni plegarias, ni miedo a la oscuridad
Capítulo VI: La etapa X
Capítulo VII: La Bestia en el nuevo siglo
Capítulo VIII: Una cuestión de vigencia en el tiempo
Capítulo IX: La frontera final… aún no ha sido alcanzada
Epílogo


 

Introducción

 

Cuando nos propusimos a hacer la historia de Iron Maiden, asumimos una responsabilidad muy grande, porque uno como fan no solamente quiere hacerle justicia a su banda favorita enseñándole al mundo los aspectos más sobresalientes de su trayectoria musical. Esto constituye un documento informativo en donde, justamente, la información que se brinda debe ser lo más fidedigna y certera posible, a la vez que uno se libra de las subjetividades en pos de no desvirtuar esa fidelidad. Algo que es muy difícil de hacer cuando estamos frente a un artista y su obra, y cuando hay pasiones y sentimientos de por medio. También está el hecho de ver cómo uno puede cautivar con el relato tanto a fans como a ajenos por igual. Después de todo, a la larga solo somos fanáticos contando la historia de sus ídolos; Además de magnificar sus hazañas y logros artísticos ¿qué otra cosa podríamos hacer? Y creo que la respuesta está en lo que es la historia de Iron Maiden en sí. Una historia que, como verán, se aparta de las anécdotas y las parafernalias comunes que abundan en el mundo de los rockeros, y se concentra más bien en el arte ejecutado por estos músicos que, dicho sea de paso, ya tienen un lugar más que importante en la historia del Rock más caliente. Así pues, emprendemos este fantástico viaje que esperamos que disfruten mientras descubren cómo una banda puede despertar tantas pasiones, al punto de llevar a sus seguidores a sentir la obligación de que tienen que contarle su historia al resto del mundo. Que es tal cual lo que estamos haciendo aquí.


 

Capítulo I – Al mundo le nacía una doncella

Gypsy's Kiss

Steve Harris en Gypsy’s Kiss

Cuando uno quiere contar la historia de una banda que ha trascendido tanto a través del tiempo y que ha influenciado a millones, uno sinceramente se encuentra con la dificultad de encontrar cuál puede ser el mejor punto de partida. Y esto es sólo el principio. Hay tanto por contar, tantas anécdotas y detalles que uno no quiere obviar, y también hay que tener presente que no se puede abusar de la paciencia del lector. Más aún, cuando el grado de fanatismo frente a una banda es versátil en cada uno de nosotros. Quizás, para ser más breves, uno debería tomar solo los períodos en donde se produjeron los hitos musicales que pusieron a la banda en cuestión en los primeros planos, porque, en definitiva, la música es lo más importante. Pero hay cuestiones extra musicales, por llamarlas de alguna forma, que también enriquecen la historia de un conjunto musical, que las hace más atractivas, y que de alguna forma terminan influyendo en el arte que los músicos crean.

Iron Maiden en 1975

En el caso de Iron Maiden, la historia comienza en 1975, cuando un joven bajista de 17 años llamado Steve Harris, oriundo del East End de Londres, decidió armar su propia banda. Tras un par de intentos fallidos en otras agrupaciones como Gyppsy’s Kiss y Smiler (que igualmente contribuyeron a la formación de Harris), el joven Steve decidió que ya era hora de capitanear su propio barco. El nombre de la banda estuvo inspirado en un aparato de tortura medieval a pesar de que algunos dijeron que la idea provino del pseudónimo con el que se la apodaba a la primer ministro de Inglaterra de aquel entonces, Margaret Thatcher. Las cosas no fueron fáciles en los inicios de Iron Maiden; dificultades para lograr una formación estable y encontrar músicos que puedan interpretar sus ideas, fueron problemas con los que Harris tuvo que lidiar constantemente, además de la eterna (y comprensible) lucha de egos.

Entre las idas y venidas que hubo de músicos que pasaron por la banda durante aquellos años, la más significativa fue la de Dave Murray, un joven guitarrista increíblemente talentoso con quien Harris quedó maravillado desde el principio, pero que por diferencias con Dennis Wilckok, el cantante de por aquel entonces de La Doncella (con quien Harris ya había trabajado en Smiler, al igual que con el baterista Doug Sampson), fue echado de la banda.

Iron Maiden en 1977

No obstante, Murray volvió a la banda lo cual provocó la salida inevitable de Dennis Wilckok dejando a la formación de Iron Maiden reducida a un trío. Como si todo esto fuera poco, el contexto tampoco favorecía a Harris y a los suyos; el Punk vivía su momento de mayor esplendor en Inglaterra hacia finales de los 70s, lo cual dificultaba la posibilidad de presentarse en vivo a bandas como Iron Maiden, quienes proponían un Rock duro más aguerrido que el de sus antecesores con claras influencias del Rock progresivo. Asimismo, las bandas precursoras en materia de Heavy Metal – Led Zeppelin, Black Sabbath y Deep Purple – se encontraban atravesando momentos muy turbulentos, tanto discográfica como personalmente. Aquí se hace importante destacar la perseverancia de Harris y los suyos, aún en las situaciones más adversas, algo que sería una constante a lo largo de toda la historia del grupo y que los fans percibirían inmediatamente una vez familiarizados con la faceta más personal de la banda, llegando a darle un valor a veces más relevante que a la música en sí. Pero la perseverancia por sí sola no iba a rendirles frutos a estos jóvenes metaleros londinenses.

Dave Murray, Paul Di’Anno, Paul Cairns, Steve Harris, Doug Sampson

Había que actuar. En primer lugar, Harris se iba perfeccionando cada vez más tanto como músico como compositor, llegando a escribir por aquellos años los que luego se convertirían en los primeros clásicos de Iron Maiden a la vez que desarrollaba una asombrosa digitación con su bajo. Pero todo esto no era suficiente; había que encontrar un cantante. Por suerte, las plegarias para Harris y los suyos fueron escuchadas: a mediados de 1977, Paul Di’Anno se incorporó a la banda como vocalista y a partir de aquí las cosas irían cambiando para mejor para La Doncella de Hierro. El aguerrido Di’Anno, dotado de un poderoso caudal vocal, aunque melódico a la vez, y de una grosera personalidad arriba de las tablas le inyectaría al grupo la dosis de energía que venían necesitando para darse a conocer. Ya para 1978, algo hacía resonancias de manera estruendosa en el circuito Under de Inglaterra; se llamaban Iron Maiden y tal parecía ser que, por donde pasaban, dejaban una huella indeleble.

 

 


 

Capítulo II – Asesinos sueltos

La banda a fines de los ’70

Con Di’Anno incorporado al grupo, Iron Maiden comenzó a presentarse en vivo cada vez de manera más frecuente, haciendo de lugares como el Ruskin Arms o el Music Machine sus centros de actividad a la vez que el número de fans iba en aumento. También el contexto comenzó a ser más favorable: junto a Iron Maiden estaban Angel Witch, Samson, Tygers of Tang-Pan, Deff Leppard y Saxon, entre otros, quienes comenzaron a conformar el movimiento conocido como la New Wave Of British Heavy Metal (Nueva era de Heavy Metal Británico) y, a su vez, se acoplaron al éxito cada vez más creciente de Mötorhead y Judas Priest, quienes la venían yugando desde hace algunos años atrás. Iron Maiden tenía un sonido muy característico que los diferenciaba de los demás: sus canciones poseían una fuerza inaudita hasta ese entonces pero, a la vez, eran canciones con estructuras y bases realmente difíciles de ejecutar. La influencia del Rock Progresivo era totalmente palpable. También Steve Harris siempre estuvo muy pendiente de lograr un impacto visual muy grande en sus shows, y es por eso que siempre le fascinaron los elementos de horror arriba del escenario, tal es así que llevaban para colocar detrás de la batería una gigante mascara de Kabuki a la cual le hacían bombear pintura roja desde la boca simulando ser sangre. Esta máscara, llamada Eddie, tendrá otro protagonismo fundamental más adelante en esta historia. Ahora era tiempo de dejar registrado todo aquel testimonio musical.

Paul Di’Anno

En diciembre de 1978, más precisamente para las vísperas del año nuevo, Steve Harris, Dave Murray, Doug Sampson y Paul Di’Anno encontraron un espacio en el Spaceward Studios en Cambridge para poder grabar su primer demo. Las canciones que quedaron grabadas fueron “Prowler”, “Invasion” y la propia “Iron Maiden”. A principios de 1979, le enviaron la cinta a Neil Kay, un reconocido disc-jockey del Bandwagon Soundhouse, el principal reducto de Heavy Metal de aquella época, sobreviviente a la invasión Punk en tierras anglosajonas. La repercusión fue instantánea: “Prowler” se disparó al puesto número uno de la lista de los temas más votados del Bandwagon, ganándole terreno incluso a otros pesos pesados como Rainbow, Whitesnake o Rush. Mientras tanto, la actividad en vivo de Maiden no paraba y en aquel año se produciría otro hecho importantísimo; la banda tomaría como manager a Rod Smallwood, con quien iniciarían una relación inquebrantable que perdura hasta el día de hoy. El viejo Rod inmediatamente se metió de lleno a trabajar con la banda, consiguiéndoles fechas en lugares cada vez más importantes, como así también promocionando la grabación del demo en formato de maxi-simple bajo el nombre de “The Soundhouse Tapes”; en noviembre de 1979, la primer tirada del simple, de unas cinco mil copias, se vendió en apenas diez días. En diciembre de aquel año, la banda firmó su primer contrato discográfico para EMI y ya tenían todo listo para grabar su álbum debut. Mientras tanto, había que terminar de completar la alineación.

Decidieron sumar a otro guitarrista al barco y entre tantas idas y venidas (como siempre) de distintos músicos, el elegido finalmente fue Dennis Stratton. Pero, como para perder la costumbre, nada era fácil en la vida de La Doncella; Doug Sampson decidió dejar vacante el puesto de la batería por motivos de salud. Su reemplazante fue el talentoso Clive Burr, quien provenía de militar en la banda Samson, banda en la cual cantaba un tal Bruce Dickinson.

Formación del LP debut

Ahora sí, ya con la formación establecida, estaba todo listo para grabar el LP debut. En Abril de 1980 vería la luz el primer larga duración autotitulado “Iron Maiden”. Parecía que el terreno estaba allanado para que el disco llegue al puesto número cuatro de las listas británicas, algo que tomó por sorpresa a toda la banda. Sin embargo, la producción a cargo de Will Malone dejó mucho que desear, por decir menos. Aunque ese sonido crudo terminó favoreciendo al grupo, Steve Harris jamás estuvo contento con el resultado final de su primer trabajo discográfico como profesional: “Estábamos muy ansiosos con nuestro primer disco. Íbamos a verlo (a Will) para ver qué opinaba de nuestras tomas de grabación, y él se contentaba con decir ‘bah…pueden hacerlo mejor’ y se ponía a leer su diario y a fumar su cigarrillo. Al final, lo ignoramos. Terminamos produciéndolo nosotros mismos sin saber realmente lo que hacíamos. Pudo haber sido un gran disco, pero para mi nunca lo fue” Pese a todo, “Iron Maiden” es considerado hoy un clásico imprescindible en la discografía del grupo y los resultados están a la vista.

En vivo en 1980

La banda empezó a tocar cada vez más seguido en recintos más grandes de Inglaterra, como el Rainbow o el Hammersmith Odeon. Temas como “Runnig Free”, “Remember Tomorrow” o la épica “Phantom of the Opera” hacían mellas en los corazones de los fans y estarían destinadas a convertirse en clásicos eternos. Y aquí también hace su aparición de manera oficial (y estelar) su mascota Eddie; diseñado por el dibujante Derek Riggs, Eddie esta vez aparecía como un zombie deambulando por los suburbios londinenses, helando la sangre de todos con su mirada penetrante. Hoy por hoy, una portada así resultaría un cliché dentro del ámbito del Rock pesado. En aquella época, el impacto fue tal que Eddie pasó a ser un miembro más de la banda, al punto en que se terminaría convirtiendo en la mascota oficial del Heavy Metal y serviría como fuente de inspiración a centenares de artistas y miles de portadas de discos por venir. Pero las razones para festejar no se terminaban allí: aquel año se presentaron por primera vez en el festival de Reading, en Inglaterra, ante una audiencia de 30.000 espectadores. Como si todo esto fuera poco, Judas Priest (quienes venían cosechando los frutos del éxito de su clásico “British Steel”, recientemente editado) los invitarían a acompañarlos en su tour por Gran Bretaña. Y como cereza del postre, se embarcarían en su primer gira europea acompañando nada más y nada menos que a Kiss. Las cosas no podían marchar mejor. Pero había que demostrar que todo lo conseguido hasta entonces no fue una casualidad. Por eso, el segundo LP iba a ser decisivo.

No obstante, dos cambios (otros más y van…) importantísimos se producirían de cara a la segunda placa en estudio: en primer lugar, la producción esta vez correría bajo la tutela del reconocidísimo Martin Birch, quien ya había trabajado anteriormente con leyendas como Deep Purple y Whitesnake. En segundo lugar, se produciría el ingreso del fundamental Adrian Smith en reemplazo de Dennis Stratton, quien por diferencias musicales rompería con Harris y cía. Adrian era un viejo conocido de la banda, y ya era amigo de Dave Murray desde la secundaria. Su talento como compositor dotaría a La Doncella de nuevas virtudes.

Iron Maiden en 1981 ya con Adrian Smith

En febrero de 1981, “Killers” salía al mercado y marcó otro éxito en la discografía de la banda. Las canciones, ahora sí con un sonido poderoso y adecuado a las pretensiones del quinteto, dejaron pasmado a más de uno. “Wratchild”, “Murders in the Rue Morgue”, “Killers”, “Twilight Zone”, o el poderoso instrumental “Gengis Khan” rebosaban de una energía imperecedera. También Eddie aparecía en una de sus encarnaciones más espectaculares; haciendo referencia al título de la placa (‘Asesinos’) el monstruo más querido por todos, en esta oportunidad, se nos mostraba con un hacha ensangrentada en sus manos y con su víctima colgándose de sus harapos, en un intento final desesperado por salvar su vida. Sencillamente: espectacular! De nuevo había que salir a la carga a conquistar el mundo, pero esta vez se extendieron más allá de Europa, llegando por primera vez a los Estados Unidos y a Japón, en donde registrarían el primer simple en vivo, “Maiden Japan”, (en alusión al clásico de Deep Purple). El camino hacia el estrellato parecía que no corría ningún peligro de declinar. Sin embargo, un nuevo suceso dentro del seno de la banda pondría en peligro los cimientos de la carrera de Iron Maiden. Paul Di’Anno, incapaz de tolerar las exigencias del grupo debido a su éxito creciente, y su errante conducta, lo terminarían de alejar de la banda. Su abuso de alcohol y de otras sustancias adictivas, ponían en jaque las presentaciones en vivo, y fue por eso que su salida se convirtió en algo inevitable y necesario. ¿Cómo iba a responder La Dama de Hierro ante semejante pérdida?


 

Capítulo III – La hora de La Bestia

Bruce Dickinson

Hay que tener en cuenta que, por aquellos años, el cambio de un miembro tan distintivo como lo es un vocalista era algo más común, tanto en bandas que se iniciaban como en bandas consagradas. No obstante, la salida de Di’Anno planteaba un enorme interrogante. El sello que Paul había dejado impreso en los primeros dos LPs sería de una marca tan indeleble que ni él mismo se podría liberar de ella con el paso del tiempo. La popularidad de Maiden poco a poco se iba esparciendo como una enfermedad. Tal es así que en la costa Oeste de los Estados Unidos, unos tales Lars Ulrich y James Hetfield ya habían empezado a tomar nota de las enseñanzas dejadas por Harris y los suyos. Por eso es que, a la vez que el cambio de cantante era algo totalmente necesario, se trataba de una movida sumamente arriesgada y dificultosa. Cuenta la leyenda que Clive Burr, el baterista, le sugirió a Harris que probara con el vocalista de la banda anterior en donde el talentoso Clive militaba antes de llegar a la Doncella. En efecto, Bruce Dickinson por aquellos años se encontraba al frente de Samson, una banda que no trascendería más allá de la NWOBHM. Bruce contaba con un registro vocal mucho más lírico y melódico que el aguerrido caudal con el que contaba Paul, pero a su vez contaba con una potencia en sus cuerdas vocales totalmente insospechada en aquellos años, que remitía a las viejas grandes estrellas de los 70s como Ian Gillan o Robert Plant. Bruce también declaró en diversas oportunidades haber quedado fascinado con las performances en vivo de Maiden cada vez que tuvieron la posibilidad de cruzarse. Recuerda Dickinson “Cuando los veía me decía ‘Wow! … si tan solo pudiera cantar para esa banda. Sí, voy a cantar para esa banda”. Tras un par de reuniones formales, para fines de 1981 Bruce Dickinson pasó a formar parte de Iron Maiden.

La banda que grabó el tercer LP

Lo primero que había que hacer era presentar al ‘pibe nuevo’ a los fans de la banda, quienes muchos de ellos se resistían aún a la idea de haber perdido a Di’Anno. Con tan solo algunas presentaciones en Inglaterra y en algunos otros países de Europa, Bruce llegó a convencer hasta a los fans más acérrimos, o al menos a la mayoría de ellos. Pero claro, la prueba de fuego iba a estar en el estudio, y como si todo esto fuera poco, los temas que Harris y los suyos habían compuesto a lo largo de todos estos años ya se habían agotado y la banda por primera vez se encontró en la situación que debían componer un disco integramente desde cero. Recuerda Harris “No te imaginas hasta que punto esto te puede cambiar. Venir componiendo de manera natural a lo largo de los años y de repente encontrarse en la situación en que teníamos que componer un álbum en su totalidad, porque ya habíamos agotado los temas de reserva en los otros dos discos. Y por consiguiente, lograr que el nuevo álbum fuera claramente superior a sus dos predecesores. Era muchísima presión” Que si trabajar bajo presión puede lograr muchas veces resultados óptimos, creo que el mejor ejemplo lo podemos hallar en el tercer disco de los ingleses, ya que lo que estaba a punto de editar Iron Maiden no sólo cambiaría para siempre la historia de la banda, sino también la del Heavy Metal todo.

La banda durante la gira “Beast on the Road”

Ocho canciones sencillamente perfectas; una portada que nos mostraba a un Eddie con sus ojos llameantes en el infierno haciendo de marioneta del diablo (y viceversa); un sonido atronador; una banda en plena forma y consolidando magistralmente su propuesta con la cual definiría para siempre lo que hoy se conoce como Metal Clásico; cualquier adjetivo de grandeza que se le quiera buscar a “The Number of the Beast”, la tercer entrega del grupo, sería insuficiente para definirlo como corresponde. Las guitarras gemelas de Smith y Murray alcanzarían su esplendor inmortalizando riffs y melodías que iluminarían a generaciones por el resto de los tiempos. Harris una vez más (y como siempre lo haría) nos hacía obligarnos a desconfiar de su humanidad por las proezas que lograba con su bajo. Cliver Burr se perfilaba como uno de los bateristas del momento y la voz mágica de Bruce Dickinson terminaría de cautivar a todo el mundo, forzándose al extremo en las tomas más pesadas y seduciéndonos con sus armonías en los momentos más calmos. “Run to the Hills” y “The Number of the Beast” eran los hits que oficiaban de carta de presentación; la potencia de bombas como “Invaders” o “22 Acacia Avenue” dejaría pasmado a quienes las oían y la grandilocuencia épica lograba todo su esplendor en la inmortal “Hallowed be thy Name”. La gira de presentación de esta joya, titulada “The Beast on the Road”, sería un fastuoso tour de 180 fechas que los llevaría durante casi todo 1982 a dejar prácticamente ningún hueco sin cubrir por Europa Occidental, Estados Unidos, para volver finalmente a tierras niponas; y acompañados por un Eddie que ahora se presentaba como un muñeco enorme que salía a acosar a la banda cada vez que ejecutaban la canción “Iron Maiden”. De más está decir que el disco trepó al puesto número uno del chart británico y que se convertiría en una pieza imprescindible en la discografía de cualquier metalero que se precie de tal. Iron Maiden acababa de hacer historia. Ahora que se había alcanzado la cima, había que mantenerse, sobre todo cuando también otros grandes nombres como Judas Priest, Deff Lepard, Ozzy Osbourne o Scorpions estaban también haciendo inmortales sus obras. Por lo que 1983 tendría a la banda muy ocupada otra vez. Pero antes de entrar a grabar lo que sería su cuarta placa, y para no perder la costumbre, una nueva desvinculación se producía en el seno de la banda.

Nicko McBrain

Esta vez fue Clive Burr quien decidió abandonar el barco, aparentemente por no poder soportar las exigencias que estaba implicando ser parte de Iron Maiden, las cuales eran mayores conforme el éxito del grupo iba en aumento. Aquí se hace necesario aclarar un detalle sobre el cual se retomará más adelante: el ritmo de vida que la banda llevó por aquellos años superaba los límites de la exigencia para cualquier ser humano y es por eso que la ruptura de Clive no fue algo tan extraño. Si bien Harris y los suyos tenían una insaciable sed de gloria, no es menos cierto que hay que suponer que el sello ejercía presiones muy grandes en el grupo para que mantuvieran ese ritmo constante de grabar-girar-grabar-girar casi ininterrumpidamente, puesto que si bien Maiden estaba haciéndose famoso en todo el mundo lo más sorpréndete (y como sigue ocurriendo hoy en día) era que para los grandes medios pasaban desapercibidos, y aún con un éxito tan rotundo como lo fue “The Number of the Beast” las FM por aquel entonces estaban focalizándose en la escena Glam que estaba surgiendo en California. De modo que Maiden se concentró en hacer lo que mejor sabían hacer: componer y dar demoledoras presentaciones en vivo. Ya con Nicko McBrain incorporado a la banda para reemplazar a Clive Burr, el quinteto se dirigió a las Bahamas para grabar otra placa fundamental en su haber: “Piece of Mind”, de 1983, se mantuvo muy acorde a lo logrado por su antecesor gracias a temazos como el clásico y eterno “The Trooper”, o también las geniales “Flight of Icarus”, “Die With Your Boots On”, “Revelations” y “Where Eagles Dare”. Ya contando con un presupuesto mayor (los beneficios de la fama) Maiden se dispuso a armar un escenario temático para su gira, acorde a la nueva placa que estaban presentando, que en esta caso intentó emular una suerte de manicomio en donde Eddie (tal cual ocurre en la portada del disco) aparece como un demente en un camisa de fuerza.

La banda en la grabación de “Piece of Mind”

Por supuesto que el tour fue igual de extenuante que el anterior, solo que esta vez la banda aterrizaría en Norteamérica por primera vez como cabezas de cartel, logrando así fechas memorables como las del Madison Square Garden de Nueva York. Otro hito para recordar en esta gira fue el cierre en el festival de Dortmund, Alemania, en donde Maiden secundado por titanes como Ozzy y Judas Priest, ofrecería una de sus actuaciones más destacadas de todos los tiempos. Ya a esta altura cabía hacerse el siguiente interrogante ¿Quién podía parar a Iron Maiden? Irónicamente, la respuesta a la pregunta serían ellos mismos; tras un período muy breve de descanso la banda volvió al Compass Pont en Bahamas para registrar su quinto trabajo. Como no podía ser de otra forma, en 1984 vería la luz “Powerslave”, otro disco que nos trae nuevamente a una agrupación que parecía desconocer las deficiencias compositivas. Esta vez se animaron a ir un poco más allá en sus pretensiones instrumentales, dándole vida a la que es hasta hoy su composición más extensa, la sobervia “Rime of the Ancient Mariner”. Pero también había tiempo para momentos más directos como “Aces High y “2 Minutes to Midnight” ambas dos destinadas a ser parte de cualquier Best of de la banda. Los aires épicos volvían a decir presente en temas como “Powerslave” o en “The Duellists” que no hacían sino darle el broche a otra placa sumamente brillante. De más está decir que para estas alturas Iron Maiden ya había dejado atrás esa etiqueta de la NWOBHM, y ahora ya era respetados hasta fuera del ámbito metálico, por lo que el mundo ahora sí estaría preparado para ser testigo de una de las giras más soberbias de todos los tiempos.

El escenario de la “World Slavery Tour”

El “World Slavery Tour” sería una recorrida de proporciones monumentales, tanto por su duración como por su envergadura. La escenografía egipcia, acorde a la portada del nuevo álbum, con Eddie en su versión momia, más el increíble repertorio que Maiden llevaba consigo por aquellos años marcarían el techo en la carrera de la banda (si bien la misma siguió gozando de un éxito enorme). Hechos atemporales como el presentarse por primera vez en el bloque comunista de Europa (algo que casi nadie había hecho hasta entonces); el primer Rock in Rio en Brasil (y por transitiva, su primer llegada a Sudamérica), o las presentaciones en el Long Beach Arena de Los Angeles, las cuales servirían de base para su primer registro en vivo de larga duración (tanto en disco como en VHS), el perfecto “Live After Death” harían de esta gira algo inolvidable tanto para la banda como para sus fans. Lamentablemente, la otra cara de esta moneda fue el haber llevado a la banda al borde de su ruptura; en efecto, el “World Slavery Tour” tuvo al quinteto durante más de un año entre 1984 y 1985 en la ruta, prácticamente de manera constante. El esfuerzo enorme llevado a cabo por cada uno de los miembros provocó una serie de roces entre ellos y el agotamiento como resultado de semejante proeza maratónica terminó afectando las presentaciones finales del tour, sobre todo las performances de Bruce Dickinson, quien quedó con su voz muy agotada. Ante esta situación, el grupo llegó a un total acuerdo: había que tomarse un descanso bastante pronunciado. En palabras de Steve Harris: “Tomé conciencia que por diez años casi no paramos nunca. Debíamos detenernos un tiempo sino íbamos a terminar todos en el manicomio.”


 

Capítulo IV – Viviendo en la cima

 

Iron Maiden en 1985 había llegado a su nivel de mayor grandilocuencia. Sin dudas se habían consagrado como la banda más grande del Heavy Metal en aquel momento. “Live After Death” fue la prueba irrefutable de ello. Pero el precio pagado fue bastante costoso; el esfuerzo que le demandó al quinteto haber logrado tal epopeya los dejó agotados, física y mentalmente.

Promo Somewhere in Time

Lo que Dickinson nos cantaba en el tema “Powerslave”, “dime por qué tengo que ser un esclavo del poder” no se escapaba demasiado de la realidad que vivía el grupo en aquellos años. Había que tomarse un pronunciado descanso antes de que la situación se torne incontrolable. Para 1986 varios acontecimientos se estaban llevando a cabo en el mundo musical, antes de que la Doncella de Hierro encendiera sus motores nuevamente. Quizás entre lo más trascendental se deba destacar el hecho de que Estados Unidos empezó a quitarle cada vez más espacio a Inglaterra como líderes de la cultura pop y musical en general. Por supuesto que grandes grupos continuarían saliendo de las Islas Británicas, pero es innegable que el ojo del huracán comenzó a moverse de una costa del Atlántico hacia el otro, casi llegando al Pacífico, focalizándose más puntualmente sobre California, donde la escena metalera presentaba dos vertientes tan atractivas como opuestas entre sí. Por un lado, el llamado Glam Metal o el AOR encabezado por Mötley Crue hacía estragos en la escena californiana, donde su propuesta de Rock Duro pero accesible y comercial marcó a toda una generación, llevando un paso más allá la estética impuesta por Kiss en la década anterior, con las toneladas de espray en el pelo y los kilos de maquillaje en el rostro. En la otra punta diametralmente opuesta, se encontraba la escena del Thrash Metal viviendo también su época de esplendor. Siguiendo las enseñanzas de Mötorhead, la tropa liderada por Metallica se animó a llevar al sonido del Metal a un nuevo nivel de agresividad, editando aquel año placas inmortales como “Master of Puppets”, “Reign in Blood” o “Peace Sells..But Who is Buying?” Ambas tendencias tenían algo en común: las dos tomaron los pergaminos dejados por Iron Maiden y Judas Priest (además de tantos otros) y, cada una para su lado, los ajustaron a sus fórmulas inventadas. Para colmo, Guns And Roses estaban a punto de editar su “Apetite For Destruction” con el cual patearían el tablero de juego; y si bien a los “fiesteros” 80s todavía les quedaban mucha tela por cortar, desde la escena más under comenzaban a surgir propuestas que irían anunciando que en la próxima década las cosas iban a ser bien distintas.

Escenario del “Somewhere on Tour”

Iron Maiden, fieles a su estilo, siguieron en la suya y sin prestarle demasiada atención a lo que ocurría en el resto del mundo (como hicieron siempre) se preparó para editar su nuevo disco. Para esta nueva placa, La Doncella de Hierro se animó a utilizar sintetizadores para algunas de sus nuevas canciones. Sin excederse demasiado con este nuevo recurso, el resultado fue brillante, comenzando así lo que algunos denominaron la “era progresiva de Maiden en los 80s”. Hay quienes sostienen que en este período Maiden no realizó cambios tan de fondo como quizás ellos supondrían y que la banda comenzaba a repetirse un poco a sí misma. Curioso es el hecho de que, hoy en día con la banda ya metida de lleno en composiciones de larga duración y complicados arreglos instrumentales, hay quienes imploran porque la banda vuelva al sonido de los 80s. Opiniones aparte, el hecho indiscutido seguía siendo el mismo: las grandes canciones continuaban reproduciéndose en cantidades industriales. Grabado una vez más en las Bahamas, “Somewhere in Time”, editado en Septiembre de 1986, volvía a traernos un listado de temas que hacían justificar cada centavo abonado por el disco. Su portada, que esta vez nos traía a un Eddie en versión cyborg en una ciudad futurista y con constantes referencias a la historia (hasta entonces) de Maiden, se convertiría en otra de las favoritas de los fans. Como se dijo, los sintetizadores no cobraron un relevante protagonismo, quizás porque la banda no se quiso jugar como hizo Judas Priest con su reciente “Turbo”, (quienes fueron condenados en su momento por haber bajado tan pronunciadamente los decibeles de su sonido) pero sí inevitablemente le restaron cierta parte de la agresividad a las nuevas canciones maidenescas. Eso le abrió paso a composiciones como “Wasted Years”, quizás la canción más comercial que Iron Maiden haya compuesto jamás. Aquí también en este punto se hace importante mencionar la participación que tuvo Adrian Smith. Más involucrado que nunca en la composición, Adrian se despachó con temazos como la mencionada “Wasted Years”, que junto con “Stranger in A Strange Land”, también de su autoría, serían los simples seleccionados para promocionar el álbum. Pero también había magnificas composiciones que vinieron de la mano (como no podía ser de otra forma) de Harris, y así fue como “Heaven Can Wait” (con sus coros omnipotentes) “Alexander the Great” volvían a mostrarnos el perfil más progresivo de Maiden, con sus extensos pasajes instrumentales. No menos cierto es que temazos como “Sea of Madness” (otra de la autoría de Smith) o “The Loneliness of the Long Distance Runner” no tuvieron el reconocimiento suficiente.

En vivo en 1988

Una anécdota particular que se comenta es que Bruce Dickinson tenía la intención de hacer un disco íntegramente acústico, muy en la línea de Jethro Tull, y por eso en esta oportunidad sus créditos no figuran en ninguna canción. En palabras de Harris: “Bruce volvió agotado de la gira de ‘Powerslave’, su idea de grabar un disco completamente acústico no me parecía mala, pero yo no nos veía subiendo a un escenario a defender un disco así. De haber lanzado un álbum doble, esta idea quizás hubiese sido realizable, pero no era el momento de lanzarnos a una aventura de ese tipo.” Anécdotas aparte, otra exitosa gira siguió la presentación del disco, llevando a la banda a recorrer casi todo el globo y dejando una vez más recuerdos imborrables en las mentes y en los corazones de sus seguidores. Tras otro período de unos cuantos meses para recuperarse (el grupo ya no volvería al ritmo tan desenfrenado de grabaciones y giras que caracterizó la primera mitad de la década) la banda se volvería a juntar para lanzar en 1988 su séptimo disco de estudio. Justamente en esta época, Harris quedó muy interesado en la novela del escritor norteamericano Orson Scott Card que narra la historia de Alvin Maker, el séptimo hijo varón de un séptimo hijo varón, un personaje torturado por sus propios poderes mágicos como la clarividencia para ver el futuro.

 

Escenario del “Seventh Tour…”

Al coincidir esta característica de este particular personaje con la numeración del nuevo LP en estudio de Maiden, la banda decidió lanzar una obra conceptual basada en este séptimo hijo. Si bien las letras de las canciones contendrían un alto contenido de ficción por narrar la historia de este personaje con poderes especiales, también había un gran trasfondo social en sus mensajes al exponer los tormentos y las vivencias de este extraño ser. Para la grabación del disco, la banda en esta oportunidad se dirigió a los estudios Musicland, en Munich, Alemania. Esta vez con la incorporación de teclados directamente para adornar las composiciones (y que en vivo sería ejecutado por Michael Kenney, el técnico del bajo de Steve) la banda lograría otro hito en su historia. Finalmente, en Abril de 1988, “Seventh Son of A Seventh Son” llegaba a las calles y se disparó al número uno de las listas británicas y al puesto número doce del Billboard Top 200. Algo muy llamativo de este trabajo es que, al tratarse de una obra conceptual, las composiciones no resultaron extensas en su duración. Más bien todo lo contrario. Salvo la canción que le da título a la placa (esa gloria de nueve minutos y medio), “Seventh Son of A Seventh Son” cuanta con la mayor cantidad de simples editados en la historia de Maiden para promocionar el álbum; “Can I Play With Madness?”, “The Evil that Men Do”, “Infinite Dreams” y “The Clarivoyant”, todas ellas entrarían al TOP 10 de las listas en Inglaterra, algo que no ocurría desde “Run To The Hills” en 1982, e irían a parar a la colección de clásicos que Iron Maiden no se cansaba de sacar. Todo esto hace notar que estamos frente a otro álbum que es una delicia de punta a punta. Y efectivamente así lo es.

En vivo en 1988

En algunas oportunidades, Harris llegó a declarar a “Seventh Son…” como su disco favorito. La gira que llevó La Doncella para esta gira contó con otro despliegue escenográfico impactante. El escenario esta vez representaba un mundo congelado, con un Eddie enorme detrás de la batería de Nicko al que solo se le notaba la mitad de su cuerpo, tal cual ocurría en la portada del disco. Este tour también sería recordado como uno de los más magníficos en toda la historia de la banda el cual contaría con su pico más alto con La Doncella encabezando por vez primera el legendario cartel del Monster of Rock, en el Donington Park de Ingleterra. Para Maiden representaba un desafío enorme encabezar tal evento. Debían probar ante una multitud milenaria que estaban pasando por un gran momento… y encima en su propia casa. Comenta Dave Murray “Recuerdo que al finalizar el show tuve que tomarme un par de copas bien cargadas, porque aún no se me pasaba el nerviosismo.” Y no era para menos; solo con leer el cartel del festival a uno se le saldría el corazón del pecho de la excitación: Helloween (con Michael Kiske en voces, y con quienes venían de deslumbrar al mundo con las dos partes de su “Keeper of the Seven Keys”), Guns and Roses, Megadeth, David Lee Roth y Kiss. ¿Y Cómo respondió la Dama de Hierro frente a semejante competencia?

Cartel del “Monsters of Rock Festival” de 1988

Sencillamente con el show que muchos (incluidos miembros de la banda) consideran el mejor show de su carrera. Lamentablemente, la muerte de dos fans durante la presentación de Guns And Roses, terminó empañando esa mágica jornada. “Nos lo dijeron después de que terminara el show, porque sino nunca hubiésemos salido al escenario sabiendo que dos fans habían muerto”, comenta Steve Harris. Más allá de todo, el festival fue memorable, al igual que el resto de la gira y al finalizarla (dejando todo el año de 1989 reservado para descansar luego de un 1988 extenuante), Iron Maiden sellaba su etapa más fructífera. Por supuesto que la banda seguiría cosechando triunfos a lo largo de su extensa trayectoria (como veremos más adelante), pero hay que decir que lo que hizo Maiden en los 80s alcanzó un techo demasiado alto y, a la hora de hacer el balance histórico, hay que reconocer que en el periodo que se estaba por iniciar no todo sería color de rosa para los liderados por Steve Harris. Un hecho indiscutible sería el disparador de estos acontecimientos: la partida de Adrian Smith.

 

 

 

 


 

Capítulo V – Ni plegarias, ni miedo a la oscuridad

 

Lo que Iron Maiden logró en los 80s ya justificaría con creces su entrada y permanencia en el salón de los más grandes de todos los tiempos. Como bien sabrán los que vienen leyendo la historia hasta aquí, ya habrá visto a estas alturas que en el proceso hubo muchas marchas y contramarchas, miembros que fueron y vinieron, alegrías, frustraciones, festejos, agotamiento y, por sobre todas las cosas, shows y discos que permanecerán invencibles al paso del tiempo. Más allá de cualquier cosa, durante esta década que finalizaba, parecía ser que todo lo que Iron Maiden tocaba se convertía en oro. Lo cual no significa que todo lo que vino después no sea digno de resaltar (sino esta historia no seguiría), pero cuando Harris y los suyos fijaron que 1989 iba a ser el año en que los motores de la Doncella iban a quedar detenidos (algo que irremediablemente ellos necesitaban hacer sí o sí), inevitablemente bajaron la guardia en un momento en que el panorama musical iba a pegar un gran giro de cara a la nueva década. El éxito de Metallica era cada vez más creciente y los cuatro jinetes fijaron los 90s como su escenario ideal para salir a devorarse al mundo; Guns and Roses eran los nenes malos del momento y en Seattle estaba a punto de estallar la movida Grunge. Y, como se dijo anteriormente, el quinteto no estaba comprometido con continuar el legado Eddie en ese preciso momento.

El debut solista de Dickinson

Solamente el video de “Maiden England” sería la única señal de vida que daría la banda durante 1989. Por lo demás, cada uno de los miembros se dedicó a sus respectivos proyectos personales. Aquí se hace importante destacar la figura de Bruce Dickinson: su incansable espíritu y su insaciable sed de permanecer siempre activo, lo llevaron a explotar otra de sus tantas virtudes: la escritura. Por lo que Bruce aprovechó este tiempo para editar dos libros, a la vez que grababa su LP debut como solista, “Tattooed Millonaire”. El disco, con aires más bien Rockeros alejados del Metal, pasó bastante desapercibido, pero Bruce quedó muy conforme con el resultado, elevando las sospechas de que no estaba muy comprometido con su banda principal. De la misma manera, Adrian Smith se lanzó a su aventura solista con A.S.A.P (Adrian Smith and Project) y su disco llamado “Silver and Gold”, también con una propuesta bastante alejada a la de Maiden. Bajo cierto clima de “desunión” en 1990 comenzaron las grabaciones para el nuevo disco. ¿Habrá influenciado eso en los resultados de la placa que estaban por grabar? Muy probablemente. En el ínterin Adrian confesó no estar muy comprometido con la banda, por lo que Steve Harris le sugirió que abandonara el barco. Primer factor determinante: Maiden se quedaba sin un gran compositor que le dio tantísimos clásicos. El reemplazante terminaría siendo un viejo conocido del grupo; Janick Gers. El blondo guitarrista conocía a Steve y a los suyos desde fines de los 70s cuando él era parte de White Spirit, una banda que no trascendió demasiado. Sí, fue un gran paso para Janick participar a principios de los 80s de la banda de Ian Gillan. Cuando Gillan desarma su banda para la reunión de Deep Purple en 1984, Janick estuvo varios años fuera de actividad hasta que Bruce lo llamó para su disco solista. Su elección fue algo bastante obvio. Janick poseía una gran técnica y un tremendo despliegue arriba del escenario. Sin embargo, no pudo aportar mucho para este nuevo álbum.

Janick Gers

Para cuando Gers ingresó a la banda, la pre producción estaba completamente terminada. Otro gran problema fue el conseguir un estudio para poder grabar. Tras varios inconvenientes y para no perder más tiempo, decidieron finalmente grabar en el granero de Steve Harris (“en algún lugar de Inglaterra”) con el estudio móvil de los Rolling Stones. Resultado: un sonido bastante flojo. Bajo estas circunstancias nació “No Prayer for the Dying”, un disco que, tomando en cuenta todo lo dicho, fue de una producción muy básica, sobre todo comparándolo con los dos discos previos. Leyendo declaraciones de la banda, parecía ser que todo esto fue buscado intencionadamente. Según Harris “Este disco es una reacción a “Seventh Son of a Seventh Son”, a nivel producción, esta vez muy básica. Quisimos reencontrarnos en una dimensión más razonable luego de una gira completamente delirante”. En concordancia con las declaraciones del bajista estuvo el montaje preparado para esta gira, ya que dejaron de lado las grandes escenografías que tanto caracterizaron las giras previas. Asimismo, Nicko McBrain decía “El tiempo de descanso nos afiló la inspiración. Parecemos pibes de nuevo componiendo”. Pero no fue tan así en realidad. La verdad es que esta “vuelta a las bases”, recuperó la crudeza de las canciones de Maiden pero lejos de la espectacularidad a la cual tenían acostumbrado a todo el mundo. Si bien hay piezas destacables, y las ventas fueron muy altas, “No Prayer for the Dying” está muy por debajo de lo que Maiden puede ofrecer, al punto de que quizás sea la producción más floja en la historia de la banda. “Tailgunner”, “Holy Smoke” y “Bring your Daughter…To The slaughter” (originalmente, esta última Bruce la preparó para su disco solista) fueron los simples elegidos y en vivo sonaban muy potentes, a la vez que también entraron en lo más alto de las listas británicas. También las subestimadas “Run Silent, Run Deep”, “Mother Russia” (quizás, la única que tenga un deje épico en toda la placa) o la propia “No Prayer for the Dying” se dejan oír con gusto, pero no podemos perder de vista que fue un retorno a la actividad demasiado discreto, sobre todo luego de la enormidad que representó “Seventh Son of a Seventh Son”, tanto en su producción como en su gira de presentación.

Iron Maiden en vivo en 1990

Sea que haya sido porque la situación interna de la banda no era la mejor antes de empezar a grabar el álbum o sea porque efectivamente decidieron encarar esta nueva etapa con mucha (demasiada, diría yo) calma, el inicio de la actividad de Maiden en los 90s encontró en “No Prayer for the Dying” un importante traspié. Había que recuperar el terreno perdido, y de cara a su nueva placa (la novena) Maiden realizó un trabajo mucho más consiente, y además también acorde a los tiempos que corrían. Cuando Metallica dominaba la escena, y cuando la depresión del Grunge sustituyó al clima alegre del Glam, Iron Maiden se despachó con “Fear of the Dark”, un disco que nos traía a la banda de Steve Harris agresiva como pocas veces se la escuchó. Ahora con un sonido más trabajado (gran labor de Martin Birch) La Doncella vino a decirnos que un tropezón no es caída y que ahora estaban más fuertes y unidos que nunca. Muchas cosas cambiaron en la previa a este disco en comparación a su antecesor: en primer lugar los cinco miembros de la banda se dispersaron alrededor del mundo para hacer una grandísima gira de promoción. Luego, se pensó en el armado de escenarios con escenografías y telones de fondo más destacados que los fans habían echado tanto de menos en su gira anterior. Luego, las canciones hablaban por sí solas. Cuando “Fear of the Dark” salió en Mayo de 1992 se convirtió en el tercer larga duración de Iron Maiden en llegar al puesto número 1 de los charts ingleses.

Promo “Fear of the Dark” 1992

El álbum era muy diverso, con un Bruce Dickinson que dejó de lado el perfil más melódico de su voz para mostrarnos su faceta más aspera y seca, lo cual le daba otra tonalidad a las nuevas composiciones. “Be Quick or be Dead”, el tema de apertura, dejó sorprendido a más de uno por la potencia con la que contaba. En similar sintonía se encuentran “The Fugitive” o “Judas Be My Guide”, aunque también había momentos más calmos como en la balada “Wasting Love” que nos muestra a un Janick Gers (ahora sí) metido de lleno en la composición del álbum. Los aires épicos volvían a decir presente en temazos como “Afraid To Shoot Stranger” (inspirada en la Guerra del Golfo durante aquellos años) o la soberbia “Fear of the Dark”, que desde aquel entonces jamás abandonaría el repertorio de los recitales de La Bestia. Se puede hablar, entonces, de que un aura oscura envuelve la tónica general de todas las canciones, incluso en la hard-rockera “From Here To Eternity”. Otra grandiosa gira le siguió a la presentación de este nuevo álbum, la cual nos trajo a la banda por vez primera a nuestro país; aunque en una presentación un tanto desdibujada por los problemas técnicos, se empezó a generar así el estrecho vínculo de la audiencia latina con la legendaria banda británica. Iron Maiden parecía que había recuperado gran parte del terreno perdido y, a diferencia de lo sugerido por el título de su nueva placa, estaban aparentemente sin miedo alguno a no cederle espacio a las nuevas tendencias. La prueba definitiva de ello llegaría con su segunda actuación como cabezas de cartel en el Monster of Rock de Donington el 22 de Agosto de 1992, secundados por Skid Row, Slayer, Thunder y W.A.S.P.

 

Festival de Donington, 1992

Otra apoteótica presentación Maiden llevaría a cabo sobre aquel escenario, la cual sería registrada para un futuro disco y video. Recuerda Dave Murray “Para esta oportunidad, pudimos disfrutar mucho más del show, ya que la primera vez que tocamos en Donington estábamos muy nerviosos”. A modo anecdótico, Adrian Smith se subiría al escenario a cerrar con ellos el festival con “Running Free”. Todo parecía estar marchando sobre rieles nuevamente hasta que en febrero de 1993 llegó la noticia que tomó por sorpresa a todo el mundo del Metal: Bruce Dickinson abandonaba Iron Maiden. Declarando estar “dormido creativamente” junto a sus compañeros de siempre, el pequeño gran inglés decidió seguir su carrera artística por su cuenta. Sorprendía esta noticia, ya que a diferencia de lo ocurrido en “No Prayer for the Dying” donde el fantasma de la separación hizo acto de presencia más de una vez, a Bruce se lo notaba más comprometido que nunca. Fue uno de los golpes más duros que recibió la Doncella en toda su carrera. Pero las palabras de Harris son más interesantes, de cara al próximo capítulo: “‘Esta no es una buena época’, llegué a pensar, ‘mejor dejarlo todo acá’. Pero al día siguiente me levanté y dije ‘Qué mierda! Aún tenemos muchas cosas por lograr y por sobre todas las cosas, todavía creo en Iron Maiden'”


 

Capítulo VI – La etapa X

 

La partida de Bruce Dickinson dejó sorprendido a todo el mundo. Tras la edición de los discos en vivo “A Real Live/Dead One” (editado originalmente en partes separadas) y “Live at Donington”, sumados al video “Raising Hell”, había una enorme incertidumbre sobre quién quedaría al frente de Iron Maiden. Para Diciembre de 1993, el elegido finalmente fue Blaze Bayley, el cantante formado en la banda Wolfsbane.

Blaze Bayley

Wolfsbane era una agrupación que se formó a mediados de los 80s en Gran Bretaña y se perfilaba como una de las nuevas promesas del Metal más clásico. Con una escueta discografía de cinco discos, el grupo había logrado un moderado éxito, sobretodo luego de haber tenido la posibilidad de salir de gira con Iron Maiden durante el tour de “No Prayer for the Dying”. Este acontecimiento le permitió a Blaze Bayley, ya de entrada, entablar una estrecha amistad con la banda de Steve Harris. Hay quienes sostienen que este fue el punto más fuerte que Blaze tuvo a su favor a la hora de elegir al nuevo frontman de la Bestia. Esta teoría es bastante aceptable, si tenemos en cuenta que otros nombres como André Matos o Michael Kiske fueron barajados, y bien es sabido que estos vocalistas cuentan con un registro mucho más potente que el de Blaze, más acorde a las exigencias que las composiciones de I ron Maiden demandan. Caso contrario, la voz de Bayley contaba con un registro mucho más grave y opaco. Hasta se había rumoreado la posibilidad de la vuelta de Paul Di’Anno, algo totalmente ridículo, puesto que para La Doncella eso hubiese representado una marcha hacia atrás. También parece ser que el hecho de que Blaze sea inglés influyó en la decisión final de Harris (por sobre los dos ejemplos citados anteriormente). Sea como fuere, Harris hasta el día de hoy sigue declarando que Blaze fue la mejor opción que encontraron en ese momento, aún cuando los pronósticos no les eran los más favorables. Hipótesis aparte, mejor concentrarse en los hechos que son lo único que verdaderamente importan. Hay que mencionar también que el otro enorme desafío que tenía la banda, de cara a su nuevo álbum de estudio, era que por primera vez desde “Killers” no contarían con Martin Birch detrás de la consola para producir el disco. En esta oportunidad, la responsabilidad caería directamente en manos del propio Steve Harris y de Nigel Green, el ingeniero de sonido.

Promo de “The X Factor”

Para 1995, el quinteto se dirigió a los estudios Barnyard, en Essex para registrar su décima placa, que curiosamente llevó por nombre “The X Factor”, quizás con la “X” haciendo referencia al número 10 en romano. Bayley llegó a declarar que se trató de “ese factor que sentíamos mientras grabábamos el disco” como haciendo referencia a la buena vibra que había en el estudio. Así fue como en Octubre de aquel año vio la luz la nueva producción de Iron Maiden, un trabajo que hay que ser sumamente cuidadoso a la hora de abordarlo; “The X Factor” representó un impacto muy grande por habernos mostrarnos a Iron Maiden sin Bruce Dickinson en las voces. La diferencia con Blaze Bayley era abismal. Es cierto que se trataba de un disco muy oscuro en todo sentido, no sólo por los matices que aportaba el grueso caudal vocal de Blaze, sino porque los climas y los arreglos en cada canción creaban una aura más bien depresiva (además de tocar temáticas más serias en cada tema, que generalmente narran un conflicto interno del individuo). También hay que mencionar que la banda, salvo por el directo “Man on the Edge”, se dejó llevar completamente por sus influencias progresivas en cuanto a la duración de las composiciones, haciendo de “The X Factor”, hasta ese entonces, el álbum de mayor duración en la discografía de la banda. Esto bien podría suponerse como una jugada estratégica muy bien planeada: al no contar con un cantante que se luzca, es lícito suponer que la banda buscó, de alguna manera, que los instrumentos cobraran mayor protagonismo. Aunque también esa teoría queda estéril cuando a la fecha sabemos que la banda sigue surcando los mismos rumbos en cuanto a la extensión de sus canciones (lógicamente, con el diario de mañana todo es más fácil de comentar).

Iron Maiden en vivo en 1995

Hoy por hoy podemos decir que “The X Factor” es un disco que maduró con el tiempo, consiguiendo el respeto tanto por parte de los fans como de la crítica quienes reconocen que canciones como “Sign of the Cross”, “Lord of the Flies”, “The Aftermath”, “Blood on the World’s Hands” o “The Edge of Darkness” no recibieron la valorización que realmente merecían. Pero en su momento, ese contraste tan marcado con la etapa más clásica del grupo no los benefició, llegando al punto de recibir críticas muy duras. Todo esto se dio en un momento en que el Heavy Metal más clásico pasaba por su peor momento; En EEUU, el llamado Nü-Metal encabezado por Korn marcaría la tendencia del Rock Pesado en esta segunda mitad de la década. En Europa, muchas propuestas variadas e interesantes estarían editando grandes obras maestras; sin embargo la atención de las grandes masas, en aquel entonces, era acaparada por el mercado norteamericano. La gira del disco, si bien no fue un éxito descomunal, le permitió a la banda mantener a una buena base de sus fans, como así también capturar algunos nuevos, llegando a algunos territorios en donde no habían llegado nunca antes como Medio Oriente y volviendo a mercados no tan frecuentados en el pasado como Sudamérica, donde la respuesta fue más que positiva. Consientes de que un nuevo grupo de jóvenes se acercaba al legado de Eddie, la banda en 1996 editó el compilado “Best of the Beast”, una completísima colección de sus grandes clásicos que abordaba desde el material más reciente grabado junto con Blaze (además de un tema nuevo, “Virus”) hasta material de “The Soundhouse Tapes”. Nada más ocurriría hasta fines de 1997 cuando la banda empezó a trabajar en su nuevo disco. Así fue como en 1998, la onceava placa de Iron Maiden vería la luz, bajo el nombre de “Virtual XI”; la alusión no sólo hacía referencia hacia la numeración del nuevo álbum de estudio, sino que también se trataba de una metáfora del mundo del fútbol (la otra gran pasión de Steve Harris).

Promo de “Virtual XI”

En concordancia con el año en donde se disputó la decimosexta copa del Mundial de Fútbol, en Francia, la banda tuvo la original idea de incorporar a su nueva gira mundial (sólo en algunos países) una serie de partidos de fútbol realizados entre los miembros de la banda, (sumando a algunos del crew), y entre periodistas y músicos ocasionales que aparecían en calidad de invitados según el país en donde se desarrollara el evento. En cuanto al disco en sí, “Virtual XI” debía terminar de ajustar los detalles en donde “The X Factor”no había resultado convincente, pero lamentablemente no fue así. Más bien, todo lo contrario. Si bien la placa cuenta con “The Clansman”, una joya épica de nueve minutos que nada le envidia a ningún clásico de cualquier otra etapa de la banda (y también hay que mencionar que la voz de Blaze sonaba con más fuerza) el balance general del disco deja un saldo muy por debajo de lo esperado por una banda del calibre de Iron Maiden. “Futureal” y “Lighting Strike Twice” también eran canciones interesantes, pero los extensos pasajes instrumentales de “The Angel and the Gambler” o de “Don’t Look to the Eyes of a Stranger” no termina ban de convencer.

 

El escenario del “Virtual XI World Tour”

Aún cuando el despliegue escenográfico montado para esta gira haya sido muy impactante (en la línea de las grandes escenografías utilizadas por la banda en los 80s), las limitaciones de la voz de Blaze quedaron aún más en evidencia a la hora de ejecutar los clásicos de la banda. Sobre las tablas, Iron Maiden acusaba una preocupante falta de potencia. Si bien el éxito del grupo apenas se resintió, estaba claro que esta situación no se iba a poder sostener mucho más en el tiempo. Es por ello que antes de finalizar la gira (la cual concluyó en Argentina, en el marco de un Moster of Rock junto a Slayer, Soulfly, Helloween y Angra) la salida de Blaze era casi un hecho. Echarle la responsabilidad de lo acontecido al ex Wolfsbane sería una injusticia absoluta; Bayley en todo momento mostró estar más que comprometido con la banda y puso todo su empeño y dedicación.

La reunión con Bruce y Adrian en 1999

La realidad era que estaba ocupando un lugar que le quedaba demasiado grande. Aún cuando se rumoreó que Janick Gers ya no avalaba su desempeño en vivo, y que también hubo una discusión muy fuerte con Nicko McBrain, la banda jamás hizo declaraciones adversas hacia Blaze y siempre se refirieron a él como una gran persona que los acompañó durante aquellos años. “Solo puedo decir que estoy muy orgulloso de esos dos discos” llegó a declarar Steve Harris unos años más tarde. Y así fue como en febrero de 1999 la noticia que todos estaban esperando se hizo realidad: Bruce Dickinson volvía a Iron Maiden. Pero no lo haría solo. Se trajo consigo a otro viejo camarada que lo estuvo acompañando en sus últimas incursiones solistas; nada más ni nada menos que a Adrian Smith. Por lo tanto, a partir de ahora la banda contaría con tres guitarristas a falta de dos. Un nuevo capítulo se iniciaba en la vida de La Doncella. Uno tan fructífero que hizo callar a todas las bocas detractoras que vieron en su momento a esta reunión como “una reunión más” de esas que se dan frecuentemente en el mundo del Rock.


 

Capítulo VII – La Bestia en el nuevo siglo

 

En 1997, mientras Iron Maiden luchaba desesperadamente por mantener su barco a flote, Bruce Dickinson revitalizaba su carrera solista; luego de que sus incursiones anteriores no hallaran rumbo (si bien el tema “Tears of the Dragón” del disco “Balls to Picasso” le valió un Grammy), Bruce se juntó con su ya frecuentado colaborador Roy Z (guitarrista, productor) para volver a hacer lo que mejor sabe hacer: Heavy Metal.

Bruce y Adrian en su época solista

Y para esta nueva etapa unió fuerzas también con Adrian Smith. El resultado: dos discos de altísimo nivel, con canciones por las que Harris pagaría fortuna para que fueran parte del repertorio de su banda. En efecto, “Accident of Birth” (1997) y “The Chemichal Weeding” (1998), ubicaban a Bruce nuevamente en las primeras planas y los rumores sobre una posible reunión con Iron Maiden cobraban más fuerza. No sólo porque Dickinson había vuelto a sus raíces (si bien ambas placas acusan un aire de modernidad, cortesía de Roy Z) sino porque el discurso de “agotamiento creativo” cambió por el de “todas las posibilidades están abiertas”. Si a eso le sumamos que Rod Smallwood también obró como manager durante el período solista de Bruce y que en todo momento sabía lo que ambas partes pensaban, parecía ser que la reunión era cuestión de tiempo. Tras finalizar la gira de “Virtual XI” en Diciembre de 1998, un par de meses después, la banda anunció el retorno del carismático vocalista junto con Adrian Smith. Astutamente, nadie del grupo dio demasiados detalles sobre la salida de Blaze Bayley, quien a su vez tampoco dedicó su tiempo en ensuciar el nombre de la banda, por lo que se puede suponer que (si bien albergamos que en situaciones como estas inevitablemente ocurren roces) el quiebre con Blaze fue en buenos términos. Y lo que es más importante aún, el ex Wolfsbane iniciaría una carrera solista más que destacada. Con la formación renovada, el ahora sexteto estaba con ganas de salir a devorarse al mundo en el nuevo siglo.

En vivo durante el “Ed Huntour”

Y por supuesto que lo conseguirían. Lo que primero que debían hacer era probar en qué estado se encontraban estando arriba de un escenario. Para eso, la banda decidió hacer una breve gira en 1999 para presentar su nuevo compilado “Ed Hunter”. Este compilado traía consigo la novedad del nuevo juego de PC de Iron Maiden y la selección de temas fue hecha por los fans a través de una votación realizada en la web del grupo. El juego sinceramente dejó mucho que desear (con unas gráficas muy pobres y una jugabilidad un tanto incómoda), pero que el nuevo compilado sea con canciones elegidas por los fans y que la banda las utilice como base de su próximo set list realmente se trataba de un sueño hecho realidad. Así fue como este nuevo tour fue todo un éxito; con un grupo que había recuperado su vitalidad y su potencia; con un Dickinson cantando como nunca; con la furia de tres guitarras que engrosaban el sonido (aunque el fruto de esta combinación se apreciaría mejor en el estudio más adelante) Iron Maiden le gritaba a los cuatro vientos que estaban más vivos que nunca. Pero como se dijo antes, la gira fue muy breve. Tan solo se extendió un par de meses por algunas ciudades de Norteamérica y Europa. Esto fue así porque la banda tuvo muy en claro desde el principio que este mini tour no tuvo otra finalidad sino la de presentarle a los fans la formación renovada y a su vez probarse ellos mismos para ver cómo funcionaban en vivo. Bajo ningún punto de vista La Doncella quería aferrarse a su pasado. En palabras de Bruce Dickinson “Cuando decidí volver a la banda les avisé a los muchachos que teníamos que hacer un disco de puta madre. No quería ver a Maiden estancado en una nostalgia”. He aquí en donde entra en acción otro personaje central en este tramo de la historia y lo continuaría siendo hasta el día de hoy; el productor Kevin Shirley. Kevin venía de trabajar con muchas bandas de renombre como Aerosmith, Dream Theater o Silverchair, por lo que no se trataba de ningún novato en el tema.

El exito del “Brave New World Tour”

Así fue como la banda se dirigió a París junto con Kevin para registrar su nueva placa. Finalmente, en Mayo de 2000, llegaría a las disquerías el tan ansiado disco con la nueva-vieja formación, el cual llevó por nombre “Brave New World”. Basando el título en la famosa novela de Aldeus Huxley, Iron Maiden impactó al mundo entero dejando bien en claro que estaban de regreso y más fuertes que nunca; “Brave New World” no tiene nada que envidiarle a los grandes clásicos de La Doncella y le permitió a la banda entrar al nuevo siglo con el pie derecho, a la vez que en el mundo de la música comenzó a haber una revalorización hacia el viejo Rock Pesado y el reinado del Nü-Metal comenzaba a tocar su fin. El álbum era una sabia combinación de canciones irremediablemente gancheras, perfectamente balanceado entre el costado más directo y duro de la banda con su faceta más progresiva. Por un lado estaban “The Wickerman”, (el tema de apertura y el hit que la banda tanto venía necesitando), “The Mercenary” y “The Fallen Angel” para lograr un impacto inmediato en el oyente; y de la otra vereda estaban “Blood Brothers” (clásico en la actualidad), “Dream of Mirros” o “The Nomad” las cuales, con sus extensos pasajes instrumentales y orquestaciones, demostraban que la banda no quiso deshacerse de su faceta progresiva que tanto cultivó en los 90s (a menos de manera mucho mayor en comparación con los 80s).

250.000 personas en el Rock In Rio

Es en este tipo de composiciones donde el grupo principalmente ganaba al contar con tres guitarristas. Hay quienes sostenían (y sostienen) que parecía una exageración la ejecución de tres guitarras a la vez, y hay quienes también preferían que la banda volviera al estilo de las canciones más directas de los 80s, en la línea de, por ejemplo, “Run To The Hills”. Pero había que ser demasiado puntilloso para desmerecer la integridad total del disco. Un disco que devolvió a Iron Maiden a los primeros planos y que les permitió recuperar muchísimo terreno sobretodo en EEUU, el cual fuera uno de los mercados en donde más participación perdieron durante la etapa junto a Blaze Bayley. Uno de los sucesos que prueba lo antedicho fue la fecha de la gira en el legendario Madison Square Garden de Nueva York, el cual marcó otro hito en la historia de la banda. Al igual que en el Ed-Huntour, los clásicos “The Trooper”, “The Number of the Beast” o “Fear of the Dark”, volvían a sonar poderosos, lo mismo que “Sign of the Cross” y “The Clansman” ahora alcanzarían nuevas alturas y mostraban que la banda no tenía intenciones en ocultar su período con Blaze. Pero ya que estamos hablando de hitos y de la gira en sí, la cual como no pudo ser de otra forma contó con una gran producción escenográfica (con ese Eddie tenebroso saliendo de entre las nubes), sin dudas tuvo su pico más alto en el cierre de la misma; el sexteto había fichado en enero de 2001 a América Latina para cerrar su exitoso tour y luego de tres memorables fechas en México, Argentina y Chile, la banda se encargó de cerrar una de las jornadas de la monumental tercer edición del festival Rock in Rio en Brasil; secundados por Queens of Stone Age, Sepultura y por Halford (quien ya acompañó a la banda en un tramo de esta gira junto a Queensrÿche), Iron Maiden ofreció un show impecable ante una audiencia de 250.000 espectadores. Este show cumbre quedaría registrado para un próximo disco y DVD en vivo, pero lo cierto fue que La Bestia no le podía haber dado un mejor broche a una gira que marcó un regreso a fuego vivo. El paso a seguir fue simplemente desaparecer del mapa por el resto del 2001, sin dar demasiadas señalas de vida, por lo que cada miembro de la banda se dedicó a sus respectivas actividades personales. El mismo Bruce Dickinson comentaba antes de empezar el Brave New World Tour que “No podemos poner a Iron Maiden en un piloto automático hacia su directa jubilación. No hubiese vuelto a la banda en esas condiciones. Debemos parar un tiempo hasta nuestro próximo disco.” Justamente Dickinson, con su espíritu inquiéto, fue el que másactividades desarrolló, entre ellas, la de convertirse en piloto profesional de aviones de pasajeros y de carga. Este dato cobraría mayor relevancia más adelante en la historia. Para demostrar que la banda seguía activa, una lluvia de lanzamientos fue programada para el 2002; Ese mismo año fueron lanzados “Rock in Rio”, en formato DVD y en CD doble, el cual obviamente registraba la magnífica actuación de Iron Maiden en el cierre de su última gira; El compilado “Edward The Great”(un ítem un tanto innecesario dado la cantidad de compilados habidos y por haber) y El Box-Set “Eddie´s Archives”: una edición limitada presentada en una caja de lujo, la cual contenía tres discos dobles en donde se registraban tomas en vivo inéditas hasta entonces, los lado B de sus simples y mucho más. Una auténtica pesadilla para el bolsillo de los fans.

El Box-Set “Eddie’s Archives”

Un acontecimiento triste también ocurrió aquel año: al ex baterista de la banda, Clive Burr, se le detectó una severa arterosclerosis múltiple. La banda realizó dos conciertos a beneficio en el Brixton Academy de Ingleterra para recaudar fondos para la fundación que lleva adelante el problema de Clive para el tratamiento de su enfermedad, a la vez que en su website hicieron una invitación para quienes quisieran contribuir con fondos. Dicho link permaneció en el sitio por varios años. Pero había una gran expectativa por el nuevo disco y en 2003 hacia allí se dirigieron. A comienzos de aquel año el grupo se enfiló hacia Londres, luego de tantos años, para volver a registrar allí su nueva placa de estudio. Contando nuevamente con la colaboración de Kevin Shirley, la banda ya tendría listo para lanzar en Septiembre de 2003 al flamante “Dance of Death”. Sin embargo, el grupo decidió primero allanar el terreno para presentar su nuevo LP. Por lo que antes de la gira oficial del disco, vino el Give Me Ed ‘Til I’m Dead Tour, una gira similar a la del compilado “Ed Hunter” pero con un escenario mucho mayor y un tanto más extensa. Algunos clásicos que hacía tiempo que no se oían como “Die With Your Boots On” o “22 Acacia Aveneue” fueron desempolvados para el deleite de los fans más antiguos. Dicha gira se prolongó desde Mayo de 2003 hasta Agosto de ese mismo año y recorrió casi toda Europa para pasar luego Norteamérica; este último tramo sin dudas será algo digno de recordar puesto que La Doncella contó durante esas fechas con dos soportes de lujo: Dio y Mötorhead. En este Tour la banda se dispuso a tocar sus clásicos, dejando prácticamente ninguna época sin abordar, y tan solo presentaron un tema nuevo, “Wildest Dreams”, como adelanto del inminente nuevo disco. El feeling más Hard-Rockero que dejaba este tema haría suponer quizás que el álbum recorrería esos senderos, pero no fue así. Más bien todo lo contrario, Iron Maiden ahondó aún más en los pasajes progresivos que habían caracterizado a “Brave New World”. Guitarras acústicas, teclados y extensas orquestaciones volvían a cobrar un gran protagonismo, sobre todo en la canción “Dance of Death”, de la cual se dice que Janick Gers estuvo muy involucrado en el concepto fantástico que encierran las letras de esta canción y que a su vez le sirvieron de sustento para el diseño de la portada del álbum, en donde Eddie representa a la parca misma, centrado en una suerte de pista de baile medieval, rodeado de siniestros personajes. El aguerrido “Montsegur”, las gancheras “Rainmaiker” y “New Frontier” (donde Nicko aparece por primera y única vez en los créditos) mostraban una faceta de Iron Maiden, pero con las características antes mencionadas temas como la ya mencionada “Dance of Death”, “No More Lies”, “Paschendale” y la completamente acústica “Journeyman” eran las piezas que cobraban mayor relevancia. Se dice que este es un álbum en donde cada canción representa un período distinto de la banda. Como sea, el disco llegó al puesto número 2 en Inglaterra (otro terreno recuperado por La Doncella) como así también a los charts más altos en distintos países del mundo, potenciando aún más los resultados de “Brave New World”.

El “Give Me Ed… Til’ I’m Dead Tour”

Iron Maiden dejaba bien en claro que el éxito de su regreso no fue una coincidencia: estaba atravesando un excelente momento compositivo y en vivo eran implacables. La gira de “Dance of Death” propiamente dicha arrancó en Octubre 2003, tras una breve pausa del Give Me… para promocionar el lanzamiento del disco a las calles. Con un nuevo escenario armado, con características muy teatrales bien al estilo de castillos y calabozos medievales, la nueva gira fue otro éxito que se prolongó hasta Febrero de 2004 culminando en Japón. De esta gira saldría un nuevo DVD: “Death on the Road”, el cual contenía la presentación de la banda en Dortmund, Alemania en Noviembre de 2003, como así también un extenso documental con todos los detalles de la gira y de la grabación de “Dance of Death”. Nada más ocurriría en 2004 hasta el mes de noviembre en donde la banda iba a editar un nuevo DVD titulado “The Early Days – The History of Iron Maiden Part. 1”. En efecto, este nuevo DVD se trataba de un documental en donde la banda revivía sus primeros días, desde sus inicios hasta la gira de “Piece of Mind” en 1983. Entrevistas a los miembros del grupo, como así también a managers, miembros del crew, periodistas, fans y demás hacen de este documental un suculento registro, con abundante cantidad de fotos, filmaciones inéditas, datos curiosos, anécdotas, fechas y demás.

El escenario del “Dance of Death World Tour”

Indispensable para cualquier fan. Además la banda puso a disposición del público, por vez primera en calidad digital, las viejas grabaciones de “Live At the Rainbow” de 1980 (con Paul Di’Anno aún en las voces), la de “Beast Over Hammersmith” de 1982 y el mítico show de Dortmund de 1983, en donde Iron Maiden concluía su World Piece Tour. En resumen: este DVD (doble) era un paquete imperdible. Para mediados de 2005 la banda hizo un breve Tour de promoción de este nuevo lanzamiento, y lógicamente basaron su repertorio en sus primeros cuatro discos. Esta gira también recaló en Europa, Canadá, EEUU para finalizar luego en el Reino Unido. Lo más anecdótico de esta gira ocurrió en tierras yanquis, donde Iron Maiden fue invitado a participar del legendario festival encabezado por Ozzy Osbourne; el Ozzfest. Este grandioso festival norteamericano, que reúne a bandas Metaleras de todos los rincones del mundo y que convoca a multitudes enormes, sería otro acontecimiento histórico en la vida de La Doncella. Y como si fuera poco, durante aquellos años, Black Sabbath con su formación original eran los encargados de cerrar el Ozzfest. Ver a Iron Maiden y a Black Sabbath en una misma noche hubiese sido algo impensado y se trataba de un sueño hecho realidad para cualquier fan del Rock Pesado. Pero lamentablemente las cosas no terminaron de la mejor forma. Varios diarios y periódicos norteamericanos señalaban que Iron Maiden le estaba opacando la presentación a Black Sabbath y esto posiblemente haya cobrado más validez cuando en algunas de las fechas del Ozzfest Sabbath no se presentó debido al mal estado de las cuerdas vocales de Ozzy. Por lo que fueron los miembros de Iron Maiden los encargados de cerrar el festival en aquellas fechas.

En vivo durante el “The Early Days Tour”

“Este es el MaidenFest” decía Bruce, y esto aparentemente disgustó a Sharon Osbourne, esposa e inescrupulosa manager del Mago de Ozz.También se rumorea que Bruce hizo críticas muy mordaces hacia la familia Osbourne por su patético reality show de MTV. La cuestión es que para la última fecha del Ozzfest, en San Bernardino, California, Sharon contrató a varios miembros del equipo técnico y otros del público (se rumorea que hubo tentadoras cifras de dinero de por medio) para arruinar el show de Maiden, arrojándoles huevos al escenario, escupiéndolos y la misma Sharon les cortó el sistema de sonido en varias oportunidades durante la presentación de Harris y los suyos. Un hecho lamentable, resuelto de manera muy poco profesional, en donde los únicos perjudicados sin dudas fueron los fans. Porque tener la posibilidad de ver a Iron Maiden y a Black Sabbath juntos en una misma presentación, es algo que muchos darían su vida por ver. Y por respeto a eso, a los fans, si los problemas acontecidos fueron tal cual se narraron aquí, no dejaron de ser otra cosa que problemas de egos, y fueron resueltos por parte de Sharon de una manera absurda e inaceptable. Cruces entre Sharon y Rod Smallwood, a través de las páginas web de las bandas se vieron en la semana siguiente, dejando en claro que las cosas quedaron bastante ásperas entre ambos administradores. Como sea, el éxito de Maiden era cada vez mayor; su paso en esta primera mitad de la nueva década estaba siendo arrasador. Pero como bien ya deben saber a esta altura, La Bestia del Metal no se conforma solamente con revivir su glorioso pasado de vez en cuando y es por ello que el siguiente paso fue comenzar a planear el nuevo álbum de estudio.


 

Capítulo VIII – Una cuestión de vigencia en el tiempo

 

Para finales de 2005, y con dos discos debajo del brazo desde el regreso de Bruce Dickinson, Iron Maiden era uno de los actos más masivos del planeta. Y dentro de la escena del Rock Pesado, solamente otros pocos nombres podían jactarse de una convocatoria de esas características como Metallica, AC/DC u Ozzy Osbourne.

La banda ya consolidada

Y bien es sabido que estos nombres aquí citados (sin desmerecer sus logros) siempre estuvieron más cerca del mainstream que la banda liderada por Steve Harris. Aunque realmente cuesta trabajo hacer un análisis de la escena Metalera de aquellos años, que no es otra que la misma que abarca nuestros días hoy. Se hace difícil decir qué tendencia fue la más importante en estos últimos tiempos, y cuesta definir el por qué de la diferencia tan marcada entre los nombres citados y el resto de las bandas del planeta, independientemente de su antigüedad en el negocio. EEUU dejó de ser el centro de la atracción, si bien el llamado Metalcore (una suerte de cruza entre el Thrash y las enseñanzas de Pantera) parecía marcar el nuevo rumbo a seguir. A su vez, el llamado Power Metal, que le había dado un renovado aire fresco al Metal melódico en los 90s, para estas alturas se encontraba bastante saturado. También hay que considerar que el mercado de la música cambió radicalmente desde la época en que iniciamos esta historia hasta el presente, tanto por el lado de la oferta como por el lado de la demanda. Salen miles de bandas todos los días, y la forma más fácil de hacerse conocer es a través de Internet, puesto que con la llegada del mp3 la Industria del disco empezó a caer en un profundo precipicio del cual aparentemente hoy parece recuperarse un poco. En este contexto quizás la figura que más se hizo destacar fue la de Dream Theater, aunque no se trataba tampoco de una banda precisamente nueva. Y si bien fue uno de los nombres que más logró seducir a las nuevas generaciones, aún estaban lejos de lograr una masiva base de fans como la de los grupos de antaño. Aunque esta mención nos da un dato muy importante: la palpable influencia del Rock Progresivo en casi todos los subgéneros del Heavy Metal. Pero tampoco podemos decir de una influencia absoluta, puesto que otro género bastante opuesto a esas características estaba recuperando una considerable parte del terreno perdido durante los 90s: el Thrash Metal. En efecto, bandas como Exodus o Death Angel volvieron a ocupar las páginas de los medios especializados gracias a lanzamientos de altísimo nivel. Entonces, ¿Por qué Iron Maiden podía resaltar por sobre tantos grupos, todos ellos con propuestas muy interesantes, y sin la ayuda de los grandes medios? Ya habían pasado varios años desde el regreso de Dickinson y Smith, de modo que no se podía atribuirles todo el mérito a ese único factor. La respuesta creo que a estas alturas ya debería ser harto conocida: la banda siempre hizo la suya, sin reparar demasiado en lo que ocurría en el resto del mundo. Una honestidad y una lealtad para con su propia obra que los fans perciben inmediatamente. Y a diferencia de otros contemporáneos a su época, la banda no solo hacía giras presentando sus clásicos sino que siempre estuvo predispuesta a componer nuevo material. Declaraba oportunamente Janick Gers “Yo creo que si tocáramos solamente los clásicos, sería la muerte del grupo”, y muy alejado de la realidad no estuvo.

El nuevo Eddie militar

De modo que el objetivo fijado para el 2006 no iba a ser otro que el de realizar una nueva placa de estudio. Para Agosto de 2006, el mundo tendría a su disposición “A Matter of Life And Death”, el decimocuarto trabajo en estudio de Iron Maiden. Si en los dos trabajos previos las tendencias progresivas convivían en armonía con el sonido clásico de la banda, ahora en este nuevo álbum el dominio era absoluto. Este es el disco en donde las largas composiciones predominan como nunca antes, llegando a superar incluso en su duración a “The X Factor”. Tan sólo “Different World” (típico golpe de apertura, en la línea de “The Wickerman” o “Aces High”) y hasta ahí nomás “The Pilgrim” se presentan como los cortes más directos. Pero a diferencia de su antecesor, si bien obviamente hay un gran trabajo de guitarras, éstas no incursionaron tanto en los pasajes acústicos, ni tampoco se metieron demasiado con las orquestaciones y los teclados tampoco resaltaron tanto. Aunque parezca increíble, en “A Matter of Life And Death” encontramos algunos de los riffs más pesados en la historia de la banda como en “Brighter Than a Thousands Suns”, “The Reincarnation of Benjamin Breeg” o en “Lord of the Light”, por lo que estamos ante un disco bastante pesado además de ser muy progresivo y oscuro. Vale la sintonía con la portada y las letras de las canciones en donde el eje temático central fue la guerra. Eddie para esta oportunidad aparecía como el líder de un escuadrón de soldados muertos que avanzaban junto a un tanque entre un descampado abatido por los conflictos bélicos. Las críticas hacia el disco fueron dispares. Hubo quienes decididamente no estaban tan entusiasmados con que Maiden trajera tantas composiciones extensas y preferían temas más directos. Es cierto que al disco le falta algo de gancho y demande varias escuchas para asimilarlo bien, pero en los hechos los resultados fueron óptimos.

En vivo en el “A.M.O.L.A.D. Tour”

El disco entró al TOP 10 de EEUU y ocupó los primeros puestos de los ratings de todo el mundo, y si no se vendió más fue porque a estas alturas las descargas de mp3 ya formaban parte de la cultura cotidiana. Y por si todavía a alguno no le quedó claro que esta banda hace la suya, durante la mayor parte de la gira de presentación del nuevo CD, el sexteto ejecutó “A Matter of Life And Death”completo, de cabo a rabo. Ahí, donde la mayoría de los grupos recreaban íntegramente en vivo las obras que los consagraron (como lo hizo Metallica con “Master of Puppets” o Megadeth con “Rust in Peace”), Iron Maiden le apostó de lleno a su nuevo trabajo, algo de lo que muy pocos se pueden jactar. “Ojalá tuviéramos los huevos que tiene Iron Maiden” declararía Scott Ian de Antharx años más tarde; Mejor dicho, imposible. El tour duró desde Octubre de 2006 hasta Junio de 2007, y pasó por Europa, Norteamérica y Japón y llegó hasta algunos territorios nuevos como Emiratos Árabes Unidos (en el marco del Desert Rock Festival), India y Serbia. Como siempre, la masiva convocatoria en sus shows daba por tierra las críticas de los más escépticos. Pero si hubo una fecha realmente a destacar esa gira, sin dudas fue la del retorno a los escenarios de Donington Park el 10 de Junio de 2007. En realidad la banda ya había retornado allí en 2003 durante el “Give Me Ed Til’ I’m Dead Tour” en el ahora llamado “Download Festival” (recordemos que antes era el “Monster of Rock”), pero esta nueva presentación de Harris y lo suyos fue una de las más apoteóticas de este tour, siendo hoy uno de los ítems más deseados por los fans para que el grupo lo edite en su videografía oficial. Pero Iron Maiden estaba preparando algo realmente colosal para sus seguidores.

Capitán Paul Bruce Dickinson

Cuando muchos esperaban que luego de esta gira el sexteto iniciara un prolongado periodo de inactividad, La Doncella iba a sacudir al mundo con una gran noticia; para finales de 2007 la banda anunció su “Somewhere Back In Time Tour”, una gira que abarcaría toda su etapa de los 80s, recreando nada más y nada menos que el escenario del “World Slavery Tour” de 1984/1985. Esta noticia dejó a todos los fanáticos empachados de alegría, puesto que para los más antiguos implicaba rememorar una etapa clásica de la banda y para los más nuevos representaba una oportunidad única de presenciar en vivo ese mítico tour del que tanto hablan los grandes manuales del Rock Pesado. El plan fue magistralmente delineado: el inicio de la gira coincidiría, justamente, con el lanzamiento a principios de 2008 del DVD de “Live After Death”, luego de que la banda finalmente respondiera a las plegarias de sus fans quienes pedían desesperadamente que aquel mítico video sea reeditado en DVD. A su vez, el paquete incluiría la segunda parte de la historia de Iron Maiden que había sido iniciada con “The Early Days”, y como no podía ser de otra forma, la misma contaría con abundante material informativo. Pero esto no iba a ser todo; para esta nueva aventura la banda se lanzaría a bordo de su propia nave, un Boeing 757 llamado “Ed-Force One”, comandado nada más y nada menos que por el propio Bruce Dickinson (recuerden que él se profesionalizó como piloto de aviones). Y como si todo esto fuera poco, este ambicioso tour quedaría documentado por las cámaras de la productora Bangers Films del reconocido documentalista y antropólogo Sam Dunn.

Iron Maiden junto al Ed Force One

Sam ya había trabajado con la banda anteriormente (de hecho, Iron Maiden es su grupo favorito) en sus documentales previos; “A Headbanger’s Journey” (2005) y “Global Metal” (2007), ambos de mi rada obligatoria para cualquier metalero que se precie de tal. Con ellos, Sam se ganó una enorme reputación a nivel mundial, tanto en el ámbito del Heavy Metal como en el ámbito del cine. También la banda, meses antes de iniciar el tour, había invitado a los fans a realizar una encuesta a través de su página web para invitarlos a formar parte de este nuevo film que estaban por realizar. Así fue como bajo la supervisión de Sam Dunn, el primer tramo de esta gira, que se inició el 1 de Febrero de 2008 en la India y que pasaría por Australia, Japón, California, México, Costa Rica, Colombia, Brasil, Argentina, Chile, Puerto Rico, Nueva Jersey y Canadá, quedó registrado bajo las cámaras.

El tour por supuesto continuaría por más ciudades de Estados Unidos y por Europa, siendo un éxito arrollador en donde canciones que hacía tiempo que no se oían como “Moonchild” o la soberbia “Rime of the Ancient Mariner” hicieron mella en los corazones de las distintas audiencias. Pero la repercusión en América Latina fue tan grande, pero tan grande, que La Bestia agregaría un nuevo tramo para esta gira tan magnífica para inicios del 2009, en donde el eje central fue (luego de pasar de nuevo por Medio Oriente y por Nueva Zelanda), precisamente, América Latina. Dándose cita en estadios más grandes que los recorridos en el primer tramo del “Somewhere Back In Time World Tour”, y agregando más fechas aún, como los seis imponentes shows en Brasil, el legendario Vélez Sarsfield de Marzo de 2009 en Argentina o la inclusión de nuevos territorios como Venezuela, Ecuador y Perú, Iron Maiden fortaleció aún más su relación con esta región del mundo.

El “Somewhere Back in Time World Tour”

“Ha sido una gira de una magnitud inmensa, que ha requerido un esfuerzo de las mismas proporciones. Pero hemos disfrutado mucho hacerlo,” declararía Steve Harris. Simultáneamente a estos acontecimientos, La Doncella lanzaba un nuevo compilado titulado “Somewhere Back in Time: The Best of 1980-1989” y como bien se puede intuir, el mismo abarcaba la era dorada de la banda, donde los temas seleccionados fueron los que compusieron el repertorio de la banda durante esta gira. Ni bien finalizó la gira, en Abril de 2009, el trabajo de Sam Dunn junto a la banda durante el primer tramo del tour finalmente vería la luz, pero no de una forma ordinaria: El documental que llevaría por nombre “Flight: 666” fue estrenado en numerosas salas de cine de todo el mundo, siendo en varios países (como en Argentina) la primer película en la pantalla grande editada en High Definition. La increíble demanda de tickets por ver este genial film que nos mostraba a la banda disfrutando de su nueva-vieja gira, a bordo de su propio avión, intercalándose inteligentemente con distintas tomas en vivo en diferentes partes del mundo y con entrevistas a los fans, a la banda y a miembros del crew, hizo que en muchos países se agregaran más funciones a las inicialmente pactadas. Definitivamente, Maiden dejaba en claro que para ellos, ante todo, están los fans, puesto que este paquete mostraba el estrecho vínculo que tiene el grupo con sus seguidores.

Sam Dunn y Scott McFadyen

“Flight: 666” posteriormente sería editado en DVD y en CD (con las tomas en vivo de los distintos países que se incluyen en el documental) siendo un éxito total en ventas, dándole un espectacular broche de oro al paso de Iron Maiden durante la primer década del nuevo Siglo, en donde el sexteto no hizo otra cosa que cosechar triunfos. El escenario no podía ser mejor de cara a la nueva década.

 

 

 

 


 

Capítulo IX – La frontera final… Aún no ha sido alcanzada

“Flight: 666” marcó un excelente final de década para Iron Maiden tras el regreso de Dickinson y Smith. Allí, donde muchos pensaban que esa reunión era solamente con fines nostálgicos y lucrativos, la Doncella de Hierro demostró tener una coraza indestructible, a base de sólidas performances en vivo y de brillantes nuevas producciones discográficas. Entonces, y como podría ya suponerse como obvio, el siguiente paso era empezar a trabajar en un nuevo LP para inaugurar esta nueva década. Tras tomarse el resto de 2009 para descansar, a principios de 2010 la banda comenzaría a producir su nueva placa, la cual ya del vamos contó con una anécdota para resaltar: luego de muchos años, el sexteto volvió a los estudios en Compass Point, en Nassau para darle vida a su nueva obra. Aquel paraíso en Las Bahamas, donde Iron Maiden engendró a los clásicos “Piece of Mind”“Powerslave” y “Somewhere in Time”, sería una vez más el centro de actividad de Harris y los suyos.

Grabando en Compass Point, Bahamas

Alguno bien podría suponer que el regreso a este mítico lugar podría haber inducido a la banda a retornar a su sonido de los 80s, sobre todo después del progresivo (en exceso) “A Matter of Life and Death”. Entonces ¿Iron Maiden revertiría la tendencia “progre” tan marcada en su anterior placa? Ni sí, ni no. Por un lado, el adelanto que iba a llevar por nombre “El Dorado” (referido al místico lugar buscado por los conquistadores europeos en Sudamérica) nos mostraba a La Bestia reluciendo su costado más Hard-Rockero, lo cual podría llevar a la suposición de que Iron Maiden encararía más para aquél lado el asunto. Pero no; “The Final Frontier”, el título elegido para este nuevo trabajo, no sólo sería el decimoquinto LP en estudio sino que sería el disco más extenso de Iron Maiden hasta la fecha, superando incluso al propio “A Matter of Life And Death”. Aún cuando también hubo más cortes directos en comparación a su antecesor, como “Mother of Mercy”, “Coming Home” o “The Alchemist”, la segunda mitad del disco estaba completamente dominada por extensas composiciones, pero con una diferencia muy importante; esta vez sí las canciones contaban con el gancho que le faltó al anterior. “Starblind”, “The Talisman” o la genial “When the Wild Wind Blows” eran extensas, pero atrapaban al oyente de una. De modo que decir que “The Final Frontier” es una progresión natural de “A Matter of Life and Death” sería un análisis bastante acertado. Nuevamente el tour estaría dividido en dos partes, de manera similar a como hicieran con la gira de “Dance of Death”; De Junio hasta Agosto de 2010 la gira los llevaría por Norteamérica (en donde una vez más estarían con acompañantes de lujo, en este caso con Dream Theater) y Europa. Durante esos shows, la banda solamente ejecutaba “El Dorado” a modo de adelanto del nuevo disco. Asimismo, la banda sustentó su set-list en su material más reciente para marcar bien las diferencias con el “Somewhere Back in Time World Tour 2008/2009”. Cuando “The Final Frontier” salió a las calles en Agosto de 2010, los resultados no pudieron haber sido mejores: el disco trepó al Nro. 1 en más de veinte países, y si bien Internet recortó las ventas de todas las bandas, tal proeza hoy en día no deja de ser algo digno de resaltar.

Promo “The Final Frontier”

La gira continuaría en 2011, reiniciándose 11 de Febrero en El Estadio Olímpico de Moscú, en Rusia, en el llamado “Around the World in 66 days” (“Alrededor del mundo en 66 días”). Nuevamente el Ed Force-One desplegaría sus alas para llevar a la banda a recorrer el globo una vez más y ahora sí, con el nuevo disco ya incorporado en el corazón de los fans, Harris y los suyos agregaron más canciones de “The Final Frontier” para sus repertorios en vivo, las cuales fueron excelentemente acogidas por la audiencia. Como si todo esto no bastara, al poco tiempo de iniciado este tramo del tour, la banda fue galardonada con el primer Grammy en su historia gracias a “El Dorado”, en calidad de “mejor performance de Metal”. Un evento desafortunado manchó la catarata de hitos y anécdotas que envolvería a esta (hasta ahora) última gira de La Doncella y eso fue el terrible terremoto que sufrió Japón en Marzo de aquél año. En efecto, justo cuando la banda iba a aterrizar en tierras niponas, donde siempre fueron más que bienvenidos, este trágico accidente imposibilitó que La Bestia diera sus dos fechas que tenía agendadas para ese tramo del calendario. Dado que la tragedia se cobró miles de vidas, en lo que siguió del tour, Bruce siempre hizo mención del tema antes de ejecutar la canción “Blood Brothers”. Más allá de esto, “The Final Frontier World Tour” siguió su curso normalmente, con conciertos espectaculares y otro impresionante despliegue escénico que esta vez incluía una temática de viajes espaciales y a Eddie en su versión alienígena, como siempre, en alusión a la portada del trabajo más reciente. El entusiasmo y la devoción de los fans Sudamericanos, plasmada perfectamente en “Flight: 666”, no fueron olvidados por la banda y es por eso que el sexteto decidió que su próxima grabación de un DVD en vivo sea, nuevamente, en nuestra región.

“The Final Frontier World Tour”

“Siempre nos pareció inverosímil lo que recibimos por parte de la gente cada vez que vamos allá. Por eso queremos hacer un nuevo DVD en la región” declaraba un sincero Steve Harris. A la vez que el tour siguió desarrollándose por el resto del mundo, llegando a su culminación en el Arena 02 de Londres (con dos fechas con el estadio colmado), un nuevo compilado salió al mercado: “From Fear To Eternity: The Best of 1990 – 2010”. Al igual que con “Somewhere Back In Time”, esta recopilación de éxitos más recientes se sustentaba, en buena medida, en la lista de temas que el grupo se encontraba ejecutando en la actual gira. ¿Pero a qué hacía referencia Iron Maiden con esta “Frontera Final”? ¿Solamente a viajes por el espacio? La verdad es que nunca se habló formalmente del tema, pero al considerar que estamos hablando de una banda que está compuesta por integrantes que están próximos a cumplir su sexta década de vida, cabe preguntarse si el título de ésta nueva placa preanunciaba un final que, inevitablemente, pareciera que está cada vez más cerca. Harris trae un poco tranquilidad al asunto: “Nosotros estamos tranquilos. Sabemos que el momento de terminar con todo está cada vez más cerca, es natural, pero todavía hay tiempo.” Continúa Dicikinson “¿Si habrá otro álbum? Sí, estoy seguro que sí lo habrá, no puedo pensar en ninguna razón por la cual no lo haríamos. Mientras sigamos sonando bien, no veo por qué debamos parar.”

Primal Rock Rebellion

Tras finalizar el “Final Frontier World Tour” en Agosto de 2011, la banda inició su correspondiente período de descanso esperando el momento adecuado para anunciar sus próximos pasos a seguir. Cada uno de los músicos inició sus respectivas actividades personales; entre las más llamativas podemos mencionar la presentación de Bruce Dickinson junto a Ian Anderson de Jethro Tull en Canterbury Cathedral, como así también el nuevo proyecto de Adrian Smith llamado Primal Rock Rebellion, en donde el guitarrista colaboró junto al cantante Mikee Goodman. Finalmente, a comienzos de este 2012, Iron Maiden anunció su tan esperado nuevo DVD en vivo en donde el grupo finalmente seleccionó su última presentación en Santiago de Chile (10 de Abril de 2011) para documentar lo que fue la gira de su disco de estudio más reciente. Además hubo un anuncio que tomó por sorpresa a todo el mundo: el lanzamiento del primer disco solista de Steve Harris el cual llevará por nombre “British Lion”; y mientras los fans aún seguimos esperando novedades por parte de la banda respecto a sus planes futuros, el sexteto decidió iniciar otra gira mundial recreando otra etapa clásica: el “Seventh Tour of a Seventh Tour”. El siguiente capítulo de esta historia aún está por escribirse…

 


 

Epílogo

 

Realmente no ha sido fácil seleccionar los aspectos que consideramos más sobresalientes en esta apasionante historia y decidir cuáles dejar de lado. Una historia repleta de altibajos; una auténtica epopeya de nuestros tiempos, llena de gloria y frustraciones; de tropezones y de levantadas. Es ahí donde radica uno de los aspectos más sobresalientes de Iron Maiden. Porque esta historia, lejos de caer en los clichés y en los excesos del mundo del rock, se sustenta principalmente en el arte creado por estos músicos, que es como debería ser siempre. Es por eso que a lo largo de la narración el aspecto que más quisimos resaltar fue la valentía (o por qué no, la osadía) y el orgullo que tuvo esta agrupación para hacer oídos sordos al mundo que los rodeaba y focalizarse simplemente en su trabajo. Podríamos seguir escribiendo acerca de esto, pero no haríamos más que repetir lo que ya contamos a lo largo de todos estos capítulos. En su lugar, seleccionamos unas palabras de Janick Gers que el mismo ofreció en una entrevista cuando se iniciaba la segunda parte de la gira de “The Final Frontier” y nos parecen las más adecuadas para cerrar la idea “No pretendemos nada más que hacer un buen show. No somos una banda pop, tampoco hacemos música para sonar en la radio, lo sabemos. No hacemos esto para ganar premios. No sabemos por qué nunca nos habían dado un Grammy antes, ni nos interesa. En realidad no estamos enterados de nada de lo que haga la industria. No vemos realities, ni participamos en ellos. Simplemente tocamos música.” Más claro, imposible. Y lo mejor de todo esto es que esta historia aún no ha acabado. Todavía quedan más capítulos por escribir. Entonces, estas palabras no son palabras de despedida; simplemente son el enlace hasta el próximo capítulo que no ha ocurrido aún, que es en donde nos volveremos a reencontrar.