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"The Final Frontier", reseña exclusiva por César Fuentes Rodríguez

The Final Frontier

"El Espacio… La Última Frontera".


La frase resuena con ecos de tardes de sábado frente al televisor en blanco y negro, y exploradores intergalácticos luchando contra monstruos de ojos saltones entre decorados de utilería y efectos especiales insuficientes. Toda una época que los Maiden, por edad y por obvia inclinación, seguramente vivieron a pleno. Eddie viajó mucho a estas alturas, incluso más en el tiempo que en el espacio, por eso no está mal que ahora se vaya de gira por otros planetas y conquiste nuevas tierras para la imaginación.
Pero, en cuanto a la música, ¿adónde quiere llegar? Hay caminos que parecen irreversibles, sobre todo a corto plazo, y el rumbo que La Doncella tomó desde el regreso de Bruce alardea de una obstinación notable. Hay un elemento progresivo que se ha hecho carne en ellos desde "Brave New World", y no hablo de "progresivo" a la manera barroca de un Dream Theater sino en cuanto al uso de un concepto mucho más indefinido que pide a los temas desarrollo por extenso y el gambeteo constante de las salidas fáciles. Que no te extrañe encontrar entonces una canción como "Satellite 15… The Final Frontier", con sus cuatro minutos y medio de introducción que van desde un ritmo frenético de banda de sonido de película de aventuras hacia el clamor solitario de un viajero que suplica contacto desde la noche profunda del cosmos. El caso es que sin esa introducción a mí, por lo menos, no me había llamado especialmente la atención el tema cuando vi el video promocional. Puesto así, ya se trata de otra cosa: el concepto toma forma, la atmósfera se desenvuelve a gusto y el resultado sorprende.
Personalmente, quedé algo desencantado con el antecesor, "A Matter Of Life And Death", no por su cariz vagamente oscuro (que fue lo que muchos objetaron) sino por su falta de concisión… Demasiadas ideas que no llegaban a cuajar, como un fruto que hubiese sido arrancado de la rama demasiado pronto, sin la oportunidad de madurar hasta encontrar sazón. Con "The Final Frontier" me pasa exactamente lo contrario, puedo esperar tranquilamente que cada tema se desarrolle en su totalidad sin impacientarme, aun el extenso "When The Wild Wind Blows", que a medida que las audiciones prosperan se va convirtiendo en una moderada delicia. Con esto trato de decir que lo progresivo lo constituye el enfoque, no las ideas mismas. Casi todo el álbum fluye naturalmente, y ni siquiera los cortes y cambios de ritmo alteran la cadencia con la que el trámite se sucede.
Hasta se me ocurre que "The Final Frontier", cuando no logra satisfacer, al menos entretiene, y no hay un solo instante del disco en que esa sensación se diluya. Es mucho decir, puesto que estamos hablando ni más ni menos que del disco de estudio más largo que Maiden haya grabado. La banda hasta se permitió volver sin rubores a los tópicos literarios e históricos; tan sólo a simple vista, "The Alchemist" refiere al mago y adivino renacentista John Dee, "Isle Of Avalon" toca el tema ultraterreno de la mitología galesa y celta, "El Dorado" alude a la leyenda generada por los conquistadores españoles al llegar al norte de Sudamérica, y "The Man Who Would Be King" se inspira en el famoso cuento del Premio Nobel Rudyard Kipling. No puedo precisar si se debe o no a la casualidad, pero se me antojan también como las canciones más logradas del álbum. La plasticidad alcanzada en ciertos pasajes de "Starblind" o "Mother Of Mercy" enmienda fallidos como el arranque de "The Talisman" (peligrosamente similar a "The Legacy", del disco anterior).
En lo instrumental, de los cuatro trabajos que contaron con las tres violas, nunca éstas estuvieron tan presentes y diferenciadas como aquí, e incluso se asoma cada tanto un Harris inmenso que funciona como una guitarra más. Dickinson merece un párrafo aparte, por más que alguno pueda encontrar el constante esfuerzo por cantar al tope de su voz algo monótono. El cantante le pone alas a cada composición sin flaquear en la exuberancia de la que muchos se espantan.

Y queda tanto por explorar, tanto por debatir, tanta riqueza por desentrañar…

Por más que "The Final Frontier" no represente un álbum perfecto, sin duda califica como estupendo. El presente es lo que es, ni más ni menos. Añorar por comparación un pasado glorioso, archiconocido e intocable cuando hay tanto para disfrutar hoy, tiene algo de mezquino que no vale la pena cultivar.
Discos como éste justifican la vuelta a la mejor forma de cualquier grupo. En el caso de Maiden, tan sólo la confirman.

César Fuentes Rodríguez