El León Británico y la Leona Argentina

En el “fan experience” de hoy, Ro Álvarez nos cuenta sobre su anecdótica experiencia para poder llevar a cabo su sueño de conocer a Steve Harris.


Hace unos años, me creé un Instagram (mi cuenta personal que aún hoy uso) y como no se me ocurría qué ponerle, le puse argentine lioness (leona argentina en español). Mucha gente hasta hoy está creída que es por mi signo del zodíaco, pero fue en honor a Steve y su banda paralela. Siempre lo amé y lo admiré (y siempre dije que era el amor de mi vida), pero no había tenido nunca la oportunidad de verlo o de sacarme una foto con él ni nada, siendo quizás el miembro de la banda que más aprecio. No fue sino hasta el 16 de noviembre de 2018, Steve estaba en el país en el marco de la gira con British Lion. El día mismo del show lo fui a buscar al hotel y además de hacerme firmar un par mis discos favoritos, le dije que me firme el brazo, que me lo iba a tatuar más tarde. Con una sonrisa me hizo su firma súper prolija y amablemente le pedí que ponga la fecha. Una vez terminado el show, volví al hotel e hice guardia en la puerta desde las 11 de la noche hasta las 6 de la mañana del día siguiente sólo para una última selfie y despedirlo (No creo que catalogue como locura a grandes rasgos, no es algo impresionante pero nunca lo hice por ningún otro músico), de ahí derecho a tatuarme.

El jueves 10 de octubre de 2019 (dos días previos a su último show en Argentina) el sonidista de Iron Maiden, Ken Van Druten, nos invitó a mí y a una amiga a cenar, con el resto de la crew. Se impresionaron tanto de la manera que les hablaba de Steve y de la admiración que le profesaba, que al día siguiente, el viernes 11, Ken me sorprendió con una muñequera suya como regalo (como el día del show lo hizo con dos púas). “Para vos que sé que lo amás”. Esa misma noche comenzó la que es, a mi parecer, la mejor anécdota que tengo con varios miembros de la banda.

Después de despedirnos de Ken, fuimos con mi amiga a la puerta del Four Seasons. Serían entre las 10 y las 11 de la noche. Había un par de fans y se andaba rumoreando que no había nadie, y que los pocos que estaban (Bruce y Nicko siendo dos de ellos) ya se habían ido a dormir hace rato. Estuvimos con mi amiga debatiendo en la puerta si mandarnos al Pony Line o no (ambas estábamos “bien vestidas y arregladas” como para entrar sin que nos echen). Ahí apareció nuestra salvación. Sale del bar un tipo de unos treinta y pico, con acento extranjero, preguntándonos si habíamos visto a alguien de la banda, a lo que respondemos que no. El hombre, Martín, era un peruano que venía siguiendo a Maiden por Sudamérica y nos invitó a ambas a tomar al bar. Ni bien entramos fuimos a la barra y le contamos la poca info que habíamos rescatado afuera. Mientras esperaba mi margarita y le decía que estaban todos durmiendo, se abre la puerta de mi izquierda (la que comunica el bar con el hall del hotel) y entra Bruce (de gorra y colita, bermuda y una remera vieja) primero, seguido de su novia y dos guardaespaldas. Del asombro, la sorpresa y emoción le clavé la mirada y él me la devolvió, serio y con los ojos bastante abiertos. Me tembló todo el cuerpo y busqué la mesa que tenía más cercana para poder sentarnos. Quedamos a varias mesas de distancia de ellos pero los veíamos perfecto. Como sabemos que Bruce no es la mejor opción ni la más amigable para acercarse, lo dejamos pasar y esperamos a que apareciera alguna otra opción más viable. Habrán sido más o menos dos horas, hasta que vimos entrar a Janick, vestido de negro, con una boina que ocultaba todo su pelo. Pasó por nuestra mesa, nos miró de reojo sonriendo y se apoyó en la barra. En ese momento me levanté haciéndome la distraída para ir al baño, pasar y sonreírle. Cuando volví dije “es la nuestra”, y nos acercamos a él. Lo primero que le dijimos con mi amiga es que no queríamos molestar ni pedirle nada (por eso no tengo fotos con él), sólo charlar, sonriente accedió y brindamos. Cuando su guardaespaldas nos quiso echar con la excusa de que lo molestábamos, el mismo Janick se dio vuelta, lo miró y amablemente dijo “lamento que a vos te molesten, pero a mí no”. Antes de que cierren el bar –estaban por hacer un evento privado- ya habíamos perdido la cuenta de la cantidad de veces que nos hizo brindar con su vaso de cerveza, nos sonríe y pregunta si íbamos a ir al show. Le dijimos que sí, y después de un largo trago, mira al horizonte pensativo y dice “wow, qué loco, yo también voy mañana”. Brindamos una última vez y nos retiramos, saliendo por el hall del hotel.

Casi por salir, me doy cuenta que parado del otro lado estaba Peter (el guardaespaldas de Steve) mientras éste firmaba un par de cosas que unos fans le habían acercado. Voy a hablarle a Peter y me sonríe, se acordaba de mí de su visita del 2018; que tenía el pelo largo y rojo. Le muestro mi tatuaje y le pregunto si era mucha molestia que me firme una foto, a lo que respondió que no, pero que no lo hagamos tardar que estaba apurado. Cuando me dirijo a Steve casi no pude contener el llanto. Le mostré primero que nada el tatuaje y la frase de British Lion que le anexé; me agarra suave el brazo y me dice “oh, I love it”. Le di nuestra foto para que la firme, nos sacamos una nueva con el pulgar en alto y después de pedirle que me devuelva mi sharpie, le pedí permiso para abrazarlo. Me dio un abrazo súper cálido y sentido, y nos despedimos.

Esa noche lloré de emoción la hora que duró mi vuelta a casa. Llovía y estaba bastante feo, pero no me entraba la alegría en el pecho de lo que había vivido, y todavía me faltaba el show, que todos sabemos que fue espectacular. Fue una cadena de eventos que se fue dando para que, no sólo pudiera cumplir el sueño de abrazar a una de las personas que más admiro, sino para que me quede una linda y divertida anécdota para contar de esa visita.


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